Cuando se mencionan a grandes futbolistas del norte del país, salen casi de memoria nombres como los del crack inigualable Ariel Ortega, y mucho más cercano a la historia salteña, otros como Miguel Velarde, Alfredo “Tanque” González, Raúl “Toti” Olarte, Pedro Guiberguis y tantos otros.
Pero de ningún modo será exagerado incluir en esa constelación del NOA a Walter Busse, el guemense que futbolísticamente se forjó en el lobo jujeño y que con perfil bajo logró brillar en la Primera División vistiendo las camisetas de Independiente de Avellaneda, Huracán y Defensa y Justicia, pero que también se puso la del Atlético Minero de Perú, y que fuera artífice de ascensos como el de San Martín de Tucumán, sin descuidar su paso por Juventud Antoniana, y sus fundamentales últimos cinco años en Gimnasia y Tiro, siendo uno de los referentes en cancha encargados de asentar la piedra basal para el resurgir del albo desde el torneo Regional Amateur hasta la Primera Nacional, donde hasta estuvo cerca de depositar al millonario de la Vicente López en Primera, después de 27 años.
Adoptado en la Vicente López
Tras la eliminación de Gimnasia a manos de Estudiantes, en Río Cuarto (0-2, y 0-0 en la ida en el Gigante del Norte), Busse decidió colgar definitivamente los botines y ponerle punto final a su intensa y prolífica carrera futbolística, a sus 38 años. Y eligió hacerlo en su “casa”, aquella ubicada en Vicente López y Leguizamón, la que lo adoptó en los últimos años, aquellos en los que este tímido güemense de antaño ya era hombre, caudillo y líder, y parte benefactora de dos ascensos, al Federal A, y luego a la Primera Nacional.
Busse le dijo adiós al fútbol, y con él se va un salteño que escribió parte de la mejor historia futbolera que sorteó duros golpes de la vida y lesiones complicados sin jamás rendirse, pero también uno de los engranajes de un proceso que le permitió a Gimnasia volver a ser Gimnasia.
Su trayectoria
Se inició en Gimnasia y Esgrima de Jujuy, hasta que en 2007 llegó como refuerzo para Juventud Antoniana, que por entonces jugaba el Federal A. El lobo jujeño, dueño de su pase, decidió cederlo al santo para que gane rodaje de competencia, y vaya que lo hizo.
En 2008, volvió a Jujuy, y poco después fue transferido al Atlético Minero. Dos años después, logró reconocimiento nacional al ponerse la camiseta del glorioso Independiente, la que también vistieron comprovincianos como Cristian Zurita y Carlos Castilla.
En el rojo, logró su título más significativo, la Copa Sudamericana 2010.
Luego, tuvo pasos reconocidos por Huracán, Defensa y Justicia, Ferro, San Martín de Tucumán (donde consiguió un ascenso a Primera), una vuelta al lobo jujeño, el Manta de Ecuador y Sarmiento de Junín, para recalar en Gimnasia y Tiro en 2021, y allí coronarse con dos nuevos ascensos.
Un golpe duro y mediático
En abril de 2011, mientras jugaba en Independiente, Busse fue a la comisaría de su barrio y denunció que ladrones habían entrado a su casa de Caballito mientras él estaba entrenando y que le habían robado dinero, electrodomésticos, dos celulares y su Mini Cooper. Pero unas horas después, luego de que su novia desatara un escándalo en la red social Twitter , se supo que el joven y su hermano habían sido engañados por tres mujeres. Al estilo “viudas negras”, las ladronas los sedujeron, los durmieron con un potente somnífero, vaciaron el departamento y se llevaron hasta su perro de raza sharpei .
Busse también se bancó haber sido durante muchos años ingratamente vinculado a aquel hecho, del que solo fue una víctima.
Reconocimiento merecido
Hinchas y futboleros se encargaron en las últimas horas de homenajear a Busse en redes tras enterarse de que había anunciado que se retiraría del fútbol, a sus 38 años.