Cuando hay compromiso, unión y compañerismo; cuando el sentido de pertenencia por el club, el pueblo y la zona está intacto; y cuando el hambre de gloria empuja, las cosas pueden lograrse. Aun cuando falten recursos, aun cuando el apoyo no alcance. Social Boroquímica de Campo Quijano es hoy el reflejo más fiel de esa premisa y está a apenas 90 minutos de escribir una de las páginas más importantes de su historia.
El empate 1 a 1 conseguido como visitante ante Tucumán Central en el partido de ida de la semifinal del Regional Amateur dejó al club vallisto con la ilusión intacta. La revancha será este domingo, desde las 17, en el estadio Enrique Durañona, donde la Bora buscará el pasaje a la final de la Región Norte y quedar a un paso de una definición por el ascenso al Torneo Federal A, organizado por el Consejo Federal de la AFA.
Pero el presente deportivo no se explica sin mirar hacia atrás. “Somos un club de Campo Quijano, a 30 kilómetros de Salta Capital. Nuestra fecha de fundación es el 3 de septiembre de 1962 y nace por la iniciativa de un grupo de trabajadores y deportistas de la empresa de Borato que había en el pueblo. Ellos deciden crear este club y ponerle Boroquímica en honor a esa empresa. Con los años la empresa cambió de nombre, pero el club quedó”, relató a Gente de Salta la secretaria de la institución, Cristina del Valle Gerón.
Ese origen obrero y comunitario se mantiene intacto hasta hoy. “Somos una familia. Los que estamos hoy en el rol dirigencial somos nietos de gente que trabajaba en el club en distintas generaciones. Yo tuve a mi abuelo presidente, a mi mamá secretaria y a mi tío técnico. Muchos de los que hoy están en la hinchada y entre los socios protectores son hijos y nietos de socios fundadores”, contó con orgullo.
Trabajo a pulmón y con acotado presupuesto
En un torneo tan exigente y costoso como el Regional Amateur, Boroquímica compitió en clara desventaja económica frente a equipos capitalinos o con mayor respaldo, que fueron quedando en el camino. “Nuestro equipo está conformado en un 70 u 80% por jugadores del Anual. No tuvimos refuerzos de renombre ni el mismo presupuesto que tuvieron equipos como Pocitos, Aviación, Cachorros, Mitre o Redes de la Patria. Todo lo que se hace acá es a pulmón y lo que nos mueve es el hambre de gloria”, explicó Gerón.
La realidad económica es dura: el club cuenta con alrededor de 400 socios, aunque los activos, que pagan la cuota mensual —de apenas 3 mil pesos— no llegan a 100. A eso se suma el enorme costo de organizar un partido de local. “Solo en adicional policial se nos van unos 500 mil pesos por fecha, más entre 700 y 800 mil de árbitros. Abrir la cancha cuesta alrededor de 1.200.000 pesos, sin contar ambulancia”, detalló.
La ayuda oficial, según remarcó, fue mínima. “La única asistencia que tuvimos fue de la Agencia Salta Deportes, de unos 3.400.000 pesos, que alcanzó solo para la etapa clasificatoria. En esta instancia no tuvimos respuestas, ni siquiera siendo el único equipo salteño que sigue en competencia”, lamentó.
Un plantel corto, que trabaja, estudia y no vive del fútbol
La Bora afronta esta instancia decisiva con un plantel reducido y con jugadores que reparten su tiempo entre el trabajo, el estudio y los entrenamientos. “Presentamos 38 jugadores en la lista del Consejo Federal, pero hoy contamos con 27. Algunos se fueron quedando en el camino por responsabilidades personales”, explicó.
“Los chicos saben la realidad del club. Se les habló con la verdad. La retribución económica sale de la recaudación y los aportes de los socios. El compromiso que sí tenemos es con el viático y el refrigerio: frutas, yogur, eso está siempre. Y puedo decir con orgullo que a cada jugador se le cumplió con lo que se pudo dar”, destacó.
Los entrenamientos son por la tarde, de 15 a 17, aunque muchos deben retirarse antes para ir a trabajar, por lo que el cuerpo técnico (encabezado por el DT Rodrigo Zárate y su AC Luciano Tarifa y el PF Fernando Vázquez -también cuenta con un psicólogo deportivo, Edmundo Di Lella-) debe flexibilizar y adecuar diariamente los horarios para que todos puedan estar presentes. “Eso hace que sea doblemente valorable. No viven de esto, pero el compromiso siempre está. Llevamos casi un año trabajando juntos y siguen con la misma entrega”, remarcó.
El respaldo de la gente, aun en la dificultad
Para viajar a Tucumán, el club tuvo que apelar nuevamente a la solidaridad. “Pedimos ayuda para el viaje y no obtuvimos respuesta. Subimos un flyer a las redes del club y la gente colaboró con lo que pudo. La única ayuda oficial fue del intendente Lino Yonar. Todo lo demás se hizo a pulmón”, contó Gerón.
Ese acompañamiento popular también se refleja en las tribunas, pese al contexto económico. “Pasar de una entrada de 7 mil pesos en el Anual a 15 mil, que es lo mínimo que exige el Consejo Federal, es muchísimo para una familia de Quijano. Aun así, la gente junta su pesito en la semana y va a la cancha. Eso es doblemente valorable”, subrayó.
Un orgullo vallisto
La identidad es otro de los pilares del presente de Boroquímica. “La gran mayoría de nuestros jugadores son vallistos. Hay chicos de Quijano, La Merced, Cerrillos, Vaqueros, Rosario de Lerma, Capital. No hay nombres rutilantes, pero sí un grupo unido, que se conoce, que trabaja junto desde hace casi un año. Eso nos hizo ser la sorpresa”, afirmó.
Hoy, la Bora no solo pelea por un lugar en la final: representa a un pueblo y a todo el Valle de Lerma. “Está bueno que se reconozca al interior. No siempre los equipos capitalinos tienen que ser la vidriera. Acá también hay valores, compromiso y ganas de trabajar”, concluyó Gerón.
Este domingo, en el Enrique Durañona, Social Boroquímica buscará algo más que una victoria. Buscará premiar décadas de esfuerzo silencioso, trabajo comunitario y amor por los colores. Porque cuando un club humilde sueña en grande, todo un pueblo empuja detrás.