El reciente tercer puesto obtenido por Carolina Díaz Naharro en el torneo nacional de gimnasia de trampolín disputado en el Cenard no es solo una medalla más en su carrera. Es, sobre todo, el reflejo de un camino que tuvo una larga pausa, un regreso cargado de desafíos y una nueva forma de vivir el deporte.
A sus 38 años, y dentro de la categoría Nivel A 17+, la salteña volvió a subirse a un podio nacional luego de haber retomado la actividad en 2024, tras más de una década alejada de la competencia. “Retomé después de doce años y ya lo disfruto desde otro punto. Me gusta competir y estar al nivel, pero ya no es esa presión que tenía cuando era más chica”, contó a Gente de Salta.
Su historia en el alto rendimiento no es nueva. Antes de su retiro en 2012, había alcanzado un nivel destacado a nivel nacional e internacional. Sin embargo, su vida tomó otro rumbo cuando fue madre. “Cuando volví de mi último Panamericano dejé y me dediqué cien por ciento a ser mamá”, recuerda. Hoy, con dos hijas, ese vínculo con el deporte se resignificó. Ya no se trata solo de competir, sino también de compartir. “Entrenamos juntas, ellas también saltan, entonces todo tiene otro sabor”, explica.
Podio a pesar de las dificultades
En este último torneo, además del desafío deportivo, atravesó una situación personal compleja. Su entrenador tuvo complicaciones de salud semanas antes de la competencia, lo que la obligó a adaptarse a una preparación atípica. “Fue raro entrenar sin él, acostumbrada a su forma de trabajo. Muchas cosas las hicimos por videollamada, medio sola. Fue una mezcla de sensaciones”, relató. Aun así, logró sobreponerse y subirse al podio. “Tuvo otro sabor. Logré aplacar los nervios y dar lo mejor”, indicó.
Ese tercer puesto le abrió la posibilidad de competir en un Sudamericano en Brasil en agosto. Sin embargo, el panorama económico vuelve a ser un condicionante. “Me sale alrededor de dos mil dólares. Es caro y no sé si voy a poder ir”, reconoció. La situación no es nueva en su carrera, de hecho este mismo año ya dejó pasar un Panamericano en Medellín por no poder afrontar los costos. “Hay que tener plata para competir y si no tenés acompañamiento, te toca elegir no ir”, resumió sin rodeos.
Las piruetas de la maternidad
El día a día tampoco da tregua. Madre soltera, con trabajo estable y responsabilidades constantes, organiza su rutina como puede para sostener su pasión. “Hago magia. Trabajo, estoy con mis hijas todo el tiempo y me hago ese huequito para entrenar. Es el momento donde vuelvo a ser yo”, relató entre risas. Ese espacio, más allá del rendimiento, además funciona como un sostén emocional. “Es mi cable a tierra. Me hace muy bien, me da felicidad”, contó.
Lejos de las condiciones ideales, sin dedicación exclusiva ni apoyo constante, Díaz Naharro sigue compitiendo y logrando resultados. Entrena cuando puede, entre tres y cuatro veces por semana, adaptándose a las exigencias familiares. “No puedo dedicarle el tiempo que me gustaría, pero el tiempo que le doy lo hago con muchas ganas”, afirmó.
“Sería hermoso poder dedicarme de lleno, tener un sueldo por esto. Pero es lo que es”, manifestó. Mientras tanto, sigue adelante con lo que tiene. Entre saltos, responsabilidades y sueños, construye una historia que va mucho más allá de una medalla.