El 24 de marzo de 1976 quedó marcado como una de las fechas más oscuras de la historia argentina. Ese día, un golpe de Estado derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón y dio inicio al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, un régimen que se extendería hasta diciembre de 1983.
Mientras en el país comenzaba a instalarse un sistema basado en la represión, el miedo y la desaparición de personas, el fútbol continuaba su curso casi sin alteraciones. Incluso, la Selección argentina disputó un partido ese mismo día, a miles de kilómetros de distancia.
El encuentro se jugó en la ciudad polaca de Katowice frente al seleccionado local. El equipo dirigido por César Luis Menotti salió a la cancha a las 13:30 (hora argentina), en una transmisión que fue autorizada de manera excepcional por el nuevo gobierno de facto.

Un comunicado oficial de las Fuerzas Armadas permitió la emisión del partido por fuera de la cadena nacional. La decisión no fue casual: mientras comenzaban los operativos ilegales, secuestros y detenciones, el espectáculo debía seguir.
Ante unas 60 mil personas, Argentina formó con nombres que luego serían protagonistas del Mundial 78, como Hugo Gatti, Daniel Passarella, Ricardo Bochini y Mario Kempes, entre otros.
El resultado fue favorable: victoria 2-1 con goles de Héctor Scotta y René Houseman. La transmisión se vio en blanco y negro por el viejo Canal 7, y al día siguiente el diario Clarín destacó el triunfo en su portada, presentado como una “hazaña”.
Años después, uno de los protagonistas de aquel partido, Jorge Olguín, recordó cómo vivieron ese momento sin dimensión real de lo que ocurría en el país. En diálogo con el medio Doble Amarilla, contó que el plantel se enteró de la situación a través de periodistas que viajaban con la delegación.

La gira por Europa había comenzado días antes, con un partido en la entonces Unión Soviética, y formaba parte de un plan de Menotti para evaluar jugadores. Muchos, como el propio Olguín, estaban dando sus primeros pasos en la Selección.
La distancia y la falta de información marcaron ese momento. Sin comunicación directa con sus familias y en una época sin la inmediatez actual, los futbolistas no lograban dimensionar lo que estaba sucediendo. Recién con el paso del tiempo, y en especial durante la Guerra de Malvinas, comenzaron a comprender la magnitud de aquellos años.
Olguín también recordó el clima de época dentro del país: controles constantes, presencia militar en la vida cotidiana y un temor latente. Relató incluso episodios de violencia arbitraria, como el que sufrió Héctor Baley, golpeado por fuerzas de seguridad.

El miedo, la incertidumbre y la vigilancia eran parte de la vida diaria. La posibilidad de que hubiera agentes infiltrados generaba un silencio permanente, donde cualquier palabra podía tener consecuencias.
Sin embargo, aquel 24 de marzo la pelota siguió rodando. Con el paso de las horas, tras el partido en Polonia, los jugadores comenzaron a tomar cierta noción de lo ocurrido, aunque sin comprender del todo el alcance.
Ese día, mientras la Selección argentina celebraba una victoria en Europa, el país iniciaba una de sus etapas más dolorosas. Un partido ganado que, con el tiempo, quedó atravesado por una certeza mucho más profunda: había sido una jornada en la que, en realidad, se empezó a perder mucho más que un resultado.