De la provincia al Desierto del Sahara

El salteño Albert Tejerina completó la exigente Marathon des Sables

Logró terminar una de las carreras más extremas del mundo en el desierto del Sahara y destacó la experiencia humana de convivir varios días con 1.500 corredores de nacionalidades diferentes.

Por Paola Soldano

Albert Tejerina en la Marathon Des Sables, en el Desierto del Sahara — .

Tras participar en la exigente Marathon des Sables, el salteño Albert Tejerina compartió con Gente de Salta sus sensaciones luego de completar una de las carreras de ultra distancia más duras del mundo, que se disputa cada año en el desierto del Sahara, al sur de Marruecos.

Al cruzar la meta, lo primero que le surgió fue una emoción profunda: “Principalmente sentí gratitud", dijo, y agregó: "Soy consciente de que soy una persona afortunada, que tiene oportunidades y puede aprovecharlas. Estaba en un lugar donde no cualquiera llega”.

A esa sensación se le sumó la satisfacción por el objetivo cumplido: “Fue un sueño muy trabajado, muy entrenado", explicó, tras lo que sostuvo que "en ese momento uno piensa en todo lo que resignó y siente que todo valió la pena”.

Albert Tejerina, en el Desierto del Sahara

Tejerina, que es ingeniero en sistemas y que tiene 45 años, explicó que, si bien no puede asegurar que haya sido la carrera más dura de su trayectoria, sí la ubica entre las más exigentes. “Es muy dura, pero también muy distinta". 

"Tiene características muy particulares que la hacen diferente a cualquier otra. Eso también hace que haya que entrenarla de una forma muy específica”, señaló el salteño.

En ese sentido, agregó que conocer de antemano esa complejidad hizo que el desafío fuera aún más gratificante: “No me sorprendió, y eso hizo más satisfactorio el logro”.

La Marathon Des Sables es una de las carreras de ultra distancia más exigentes del mundo, celebrada anualmente desde 1986, en el desierto del Sahara, en el sur de Marruecos.

Este año, por tratarse de la edición número 40, la exigente prueba incluyó 270 kilómetros, veinte más que lo habitual, en seis etapas y durante siete días, en los que los corredores no contaron con asistencia externa ni comodidades de ningún tipo.

Para poder sobrevivir, los participantes debieron llevar consigo la comida y todo los necesario para los seis días, ya que la organización solamente les proveía una tienda de campaña para pasar la noche, que debía compartir con otros atletas.

En tanto, para encarar este desafío, Albert realizó una intensa preparación en Salta, que incluyó rodaje en calles y cerros, gimnasio y bicicleta, siguiendo al pie de la letra el plan formulado por su entrenador, Guillermo Morea, de La Plata.

Para simular las condiciones del Desierto del Sahara, esporádicamente viajaba a Cafayate, donde intentó reproducir los escenarios con los que se encontraría en África, y entrenó en doble turno, en puntos como Los Médanos o La Yesera. 

Al continuar con su relato, Albert Tejerina resaltó que uno de los mayores desafíos fue correr con peso, una de las condiciones centrales de esta competencia de autosuficiencia: “Eso fue lo más difícil".

"Mi mochila terminó pesando más de lo que esperaba, fue un error mío, y lo sentí mucho. Pero también fue un aprendizaje: saber que, incluso así, pude hacerlo”, reveló.

A lo largo de la prueba, el momento más crítico llegó durante la etapa más larga, de 100 kilómetros: “Ya veníamos de tres días corriendo, era el cuarto, con mucho cansancio acumulado. Fue muy duro, pero nunca pensé en abandonar”, aseguró.

Su estrategia para ese tramo fue clave: “Fui adaptando el ritmo para no lesionarme y cumplir mi objetivo, que era terminar en menos de 24 horas. Lo logré en 20, así que pude descansar, aunque esa noche nos tocó una tormenta de arena tremenda”.

“Descanso es un decir, porque ese día fue el peor para estar en el campamento. Nos agarró una tormenta de arena tremenda pero bueno, estábamos en el desierto y sabíamos que eso nos podía pasar”, señaló.

Más allá del desafío físico, el corredor destacó la riqueza humana de la experiencia.

“Compartir con 1.500 personas de todo el mundo, todas en la misma sintonía, fue increíble. Hablar con gente de distintas culturas te hace reafirmar que los humanos somos mucho más parecidos de lo que creemos”, reflexionó.

La experiencia le dejó mucho más de lo que fue a buscar  

La convivencia en el campamento también fue parte esencial del viaje: “Me tocó una tienda con chicos de Costa Rica, México y Honduras. Fue una experiencia muy linda. No es fácil estar casi nueve días en el desierto, incómodos, cansados, pero se generó algo muy especial”, contó.

Sin celulares, la conexión fue distinta: “Hablábamos mucho, fue una desconexión de la tecnología y una conexión con las personas. Empezamos siendo desconocidos y terminamos formando una linda amistad”.

Al hacer un balance, Tejerina no duda: “La experiencia cumplió y superó mis expectativas. Me dejó mucho más de lo que fui a buscar”.

Incluso, apeló a una imagen para describirla: “Fue como una tormenta de arena perfecta. Hasta lo que no fue perfecto, fue perfecto”.

Albert Tejerina en el Desierto del Sahara

Esa vivencia también reforzó una convicción personal: “No hay imposibles. Cuando uno sueña, trabaja y está alineado en mente, cuerpo y alma, las cosas se dan”, al tiempo que recordó que, incluso antes de la carrera, todo fluyó: “Llegué con los tiempos muy justos, con varios vuelos, y salió todo perfecto. Cuando las cosas tienen que salir, salen”.

Finalmente, el atleta valoró la importancia de visibilizar este tipo de disciplinas en la provincia: “No es un deporte popular, pero mostrarlo puede motivar a alguien a acercarse, a mejorar su estilo de vida”.

Si bien la experiencia fue inolvidable, Tejerina reconoce que no la repetiría: “Es una inversión muy grande, sobre todo económica, y me interesa explorar otros desafíos”. Entre las alternativas, mencionó circuitos similares como 4 Deserts Race Series.

“Una carrera de este tipo, de autosuficiencia y en etapas, volvería a hacer, quizás en un par de años, pero me gusta probar cosas distintas y seguir descubriendo nuevos desafíos”, concluyó el salteño, que mostró que, además de soñar, es posible vivir los sueños.