Todo comenzó como un regalo de una abuela para sus nietos. Sin imaginarlo, esos siete pulóveres tejidos con diseños inspirados en la Selección Argentina terminaron convirtiendo a Sonia López, una emprendedora salteña de 60 años, en un fenómeno viral que multiplicó el alcance de su marca "Bike Kids", disparó sus seguidores en redes sociales y le abrió las puertas a pedidos de distintas provincias e incluso del exterior.
La historia explotó durante el Mundial 2026, cuando Sonia compartió en redes sociales un video en el que mostraba los buzos que había confeccionado especialmente para sus nietos. Su cuenta tenía 2.500 seguidores en Instagram y pasó en pocos días a superar los 26 mil producto del impacto que generaron sus creaciones. "Siempre quise que conocieran mi trabajo, pero esto superó todas mis expectativas. Me emocionó muchísimo. Todavía me levanto y siguen llegando mensajes. Tuve que sacar el WhatsApp de Instagram porque el celular no daba más de tantas consultas", contó entre risas a Gente de Salta.
La idea había nacido varios meses antes, ya que en marzo les preguntó a sus nietos si querían un pulóver para el Mundial y cada uno eligió el diseño que más le gustaba. Entre los pedidos habituales de sus clientas fue tejiendo de a poco las siete prendas, aunque el invierno y una gripe terminaron complicando los tiempos, que la llevaron a terminar todo justo para el debut argentino.
“Antes de darles los pulóveres publiqué el video en el entretiempo del primer partido de Argentina y después no podía comprender lo lejos que llegó. Para mis nietos era algo habitual, porque les tejo prendas desde pequeños, pero ahora se dieron cuenta de lo especial que es que les teja y todos pudieron usar sus buzos para el segundo partido de la Selección”, manifestó.
Sonia que tenía la idea de hacer una sesión de fotos con todos sus nietos, pero que los más grandes de 13 años se negaron al principio. Sin embargo, al ver la gran repercusión que tuvieron sus regalos le dieron el gusto a su abuela. “Accedieron pero quisieron que sea algo espontáneo no fotos personales, así que así lo hicimos. Estoy muy contenta con todo esto y lo disfruto mucho junto a ellos”, explicó.
Un negocio en crecimiento
Sonia lleva una década al frente de Bike Kids, aunque el tejido la acompaña desde mucho antes. Durante años trabajó como empleada doméstica para sostener a sus cuatro hijas mientras tejía en los ratos libres, hasta que ellas la convencieron de dejar ese trabajo y apostar definitivamente por lo que más le apasionaba.
Fueron precisamente sus hijas quienes le abrieron las puertas al mundo digital. Primero le crearon una cuenta de Facebook y luego la animaron a aprender sola. "No sabía usar un celular. Después aprendí mirando tutoriales y hoy edito mis propios videos, manejo Instagram y TikTok", recordó.
Las redes sociales terminaron cambiando por completo su forma de trabajar. De vender únicamente en ferias pasó a recibir encargos durante todo el año, tanto de prendas para bebés como de adultos. Antes del fenómeno viral, ella tenía su clientela fija en Salta pero ahora le llovieron pedidos de otras provincias e incluso desde México, Chile y Perú. La demanda creció tanto que ya tiene la agenda completa hasta fines de noviembre y organiza los pedidos por turnos para poder cumplir con cada uno de ellos sin resignar la calidad artesanal de su trabajo.
“No me vuelvo loca con los pedidos, a medida que voy terminando me voy contactando con la gente que sigue en la fila. En una semana puedo llegar a terminar cuatro prendas cómo máximo, puesto que estoy sola y también tengo que atender la casa u otras cuestiones que salen del día a día. Por suerte mis clientes lo entienden y son pacientes”, manifestó.
Una familia emprendedora
El nombre de su emprendimiento homenajea a su padre, Nicolás López, un querido bicicletero del barrio Villa Estela. Fue él quien le regaló su primera máquina de tejer y, mucho antes de eso, junto a su madre le enseñó a dar los primeros puntos utilizando dos rayos de una bicicleta como agujas improvisadas cuando apenas tenía nueve años. Aquella enseñanza despertó una pasión que nunca abandonó y que con el tiempo la llevó a dominar distintas técnicas de tejido.
Ese espíritu emprendedor sigue vivo en toda la familia, ya que sus cuatro hijas desarrollaron sus propios proyectos; dos son diseñadoras gráficas, otra elabora amigurumis y la restante combina su trabajo con un emprendimiento personal. Su marido, por su parte, es herrero y fabrica buena parte de los muebles que utiliza para exhibir sus prendas. Mientras tanto, Sonia continúa soñando con abrir su propio taller de tejido, un proyecto que la pandemia obligó a postergar, pero que hoy vuelve a parecer posible gracias al inesperado impulso que le dio un simple regalo para sus nietos.
Lejos de conformarse con el éxito comercial, Sonia también destina parte de su tiempo a una iniciativa solidaria junto a otras tejedoras salteñas. Cada mes confeccionan mantas que luego serán donadas a instituciones de la provincia. "Siempre soñé con que conocieran mi trabajo, pero también con poder ayudar. Si esto sirve para que más gente valore el tejido artesanal, ya me doy por satisfecha", concluyó.