Hay historias de fútbol que trascienden el marcador, el resultado, la tabla de posiciones o la pelea por una clasificación o la permanencia, aquellas que nos hacen entender que hay cuestiones que van mucho más allá del juego y que nos hacen comprender el valor de la vida.
La de Julián López es una de esas historias que marcan y conmueven, un testimonio de valentía, fe y perseverancia que inspira más allá de los goles convertidos y la euforia por un clásico ganado.
Volver a su club de siempre tras años de experiencias en Paraguay y en distintos clubes del Federal A no fue un regreso cualquiera. Para Julián, el autor del gol que le dio el triunfo a Central Norte por 1 a 0 ante Gimnasia y Tiro, significó reencontrarse con sus raíces y compartir con su familia cada momento de alegría. “Me tocó estar lejos de Salta mucho tiempo y sin mi familia, y que hoy ellos estén compartiendo este momento lindo conmigo no tiene precio. Mi esposa, mi hijo, mi padre… Es un momento hermoso y soñado el poder compartir esta alegría con ellos”, contó emocionado.
Pero la historia de Julián no siempre estuvo marcada por alegrías y tristezas en el verde césped, en los entrenamientos y en las concentraciones. En su adolescencia, un diagnóstico de linfoma de Hodgkin, un cáncer en los ganglios, lo enfrentó a la posibilidad de una vida corta. Los médicos le pronosticaron meses de vida cuando apenas tenía 15 años, pero él no se rindió, y ese ímpetu ante la vida lo sigue acompañando hoy a sus 28. “Siempre supe que el único camino era el sacrificio. Desde chico me tocó enfrentar una enfermedad muy difícil, muy complicada, por la cual me dieron pocas posibilidades de continuar con vida. Pero yo siempre creí en mi Dios, en que para Él, nada es imposible”, recordó, en diálogo en exclusiva con Gente de Salta, al día siguiente de su clásico consagratorio, ya sin las luces ni los flashes posándose sobre él, y en la tranquilidad de su hogar.
Su fe y resiliencia fueron clave no solo para sobrevivir, sino para forjar la fortaleza mental que hoy lo distingue dentro de la cancha. “Fue un sacrificio tremendo el que hice desde chico para llegar hasta acá, con altibajos, con meses sin jugar, con otros tantos en los que no me tocaba ni ir al banco y había que apoyar de afuera. Siempre entrené al máximo y nunca bajé los brazos… En un momento iba a llegar la oportunidad y tenía que estar preparado para demostrar lo que soy”, confesó Julián.
Ese esfuerzo se tradujo en goles decisivos que ya forman parte de la historia reciente de Central Norte. Su tanto en el clásico ante el albo, que le dio la victoria al cuervo, y el que quebró la racha negativa frente a All Boys en el Martearena, no fueron solo goles: implicaron la recompensa a años de lucha y sacrificio. “Antes del partido oré, con esa confianza y esa fe de que iba a hacer el gol. Gracias a Dios me llegó la pelota al área y pude cabecear y hacer ese gol tan determinante para ganar el clásico”, relató con emoción.
Para Julián, cada paso en su carrera, cada abrazo con sus compañeros, cada momento difícil, está marcado por la fe y la familia. “Lo que me pasó es un testimonio de vida que me acompañará siempre… Sé que al contar esto alguien que lo necesite me puede estar escuchando o leyendo, y mi testimonio es que no hay que caerse. A mí los médicos me pronosticaron poco tiempo de vida, pero yo nunca dejé de creer en mi Dios, nunca dejé de creer que Dios tenía algo grande preparado para mi vida”, reflexionó.
Más allá de los éxitos en la cancha, Julián también piensa en lo colectivo. “Que la gente de Central siga alentando por este grupo que seguirá peleando por los colores. Que siga confiando en este grupo que tiene muchas ganas de pelear arriba”, aseguró, con la humildad de quien sabe que su historia personal no está completa sin el equipo y la pasión de los hinchas.
La historia de Julián López es la prueba viva de que la adversidad puede convertirse en fuerza, que la fe y la resiliencia pueden transformar la vida y que cada gol puede llevar consigo un mensaje mucho más profundo que un simple resultado.