En Europa también pasa

La otra cara de la final de la Champions: gravísimos enfrentamientos, corridas y tensión antes del partido decisivo

La gran final de la Champions League entre PSG y Arsenal comenzó a jugarse fuera de la cancha. Horas antes del partido, grupos violentos de ambas parcialidades protagonizaron serios incidentes en Budapest, pese al enorme despliegue de seguridad montado para el evento.

Por Redacción Gente de Salta

Gravísimos enfrentamientos entre barras en Budapest, en la previa de la final de la Champions. — Captura

La expectativa por la final de la Champions League entre PSG y Arsenal se vio opacada por una serie de violentos enfrentamientos registrados en las calles de Budapest durante la víspera del encuentro.

Hinchas radicalizados de ambos clubes participaron en distintos episodios de violencia que incluyeron agresiones físicas, lanzamiento de objetos y utilización de bengalas en varias zonas de la capital húngara. Las imágenes de los incidentes se viralizaron rápidamente y generaron preocupación entre los miles de aficionados que viajaron para presenciar el partido.

De acuerdo con versiones difundidas por medios europeos, los grupos involucrados habrían coordinado previamente un encuentro para enfrentarse antes de la definición del máximo torneo de clubes del continente.

Los disturbios ocurrieron pese al imponente operativo de seguridad dispuesto por las autoridades locales, considerado el más importante realizado hasta el momento en Budapest. Miles de agentes fueron desplegados en distintos puntos estratégicos de la ciudad para controlar la llegada y circulación de los simpatizantes.

Los incidentes obligaron a numerosos fanáticos a alejarse de las áreas donde se desarrollaban los enfrentamientos. Además, la policía llevó adelante controles, identificaciones y detenciones de ciudadanos franceses e ingleses relacionados con estos hechos y con otros actos vandálicos ocurridos en las últimas horas.

La preocupación de las fuerzas de seguridad aumentó debido a la enorme convocatoria que generó la final. Aunque el Puskás Aréna dispone de unas 60.000 localidades y tanto PSG como Arsenal recibieron cerca de 17.000 entradas cada uno, se estima que más de 100.000 seguidores llegaron a Hungría para vivir el evento.

La tensión también se trasladó a Francia. Ante la posibilidad de incidentes vinculados a festejos o desmanes posteriores al partido, las autoridades francesas pusieron en marcha un amplio dispositivo preventivo con alrededor de 30.000 efectivos policiales distribuidos en distintos puntos del país.

El recuerdo de los graves disturbios registrados durante celebraciones anteriores mantiene en alerta a los organismos de seguridad, que buscan evitar que una jornada histórica para el fútbol europeo vuelva a quedar marcada por la violencia.