Salta, por excelencia, es una de las provincias del país que con mayor calidez y pasión recibe a los denominados equipos grandes de la Argentina cada vez que cruzan la General Paz.
Tal vez por la sideral distancia geográfica con el puerto de la bonanza y las luces de la ciudad de la furia, por la ausencia de un representante de estas tierras en la élite del fútbol o por la extrañeza de que una de las “moles” de la Primera dispute un partido oficial por estos lares. Por el motivo que sea. Pero el salteño suele rendirse ante estos acontecimientos y ante la emoción de ver a aquellos ídolos que solo admiró durante años a la distancia, y que hoy los siente más cerca, palpables y reales.
Por eso mismo, la llegada de Boca a Salta este lunes, para enfrentar en la noche del martes a Gimnasia y Esgrima de Chivilcoy en el estadio Padre Martearena, por los 32avos de final de la Copa Argentina, fue otra auténtica revolución.
El plantel comandado por Claudio Úbeda arribó vía aérea en su vuelo chárter y pisó el aeropuerto Martín Miguel de Güemes a las 16. Sin contacto con la gente, el equipo fue recibido por su micro en pista, y desde allí partió rumbo al hotel Sheraton, donde se hospeda el elenco azul y oro, en medio de una caravana caótica, entre el operativo policial montado para escoltarlo, y los curiosos que lo recibían con bocinazos.
Pasadas las 16:45, con demora por el vuelo retrasado, Boca llegó al hotel y allí lo esperaba más de un centenar de hinchas con banderas, percusión, color, carteles, pancartas y toda la pasión. Y la sorpresa de todos fue tal cuando desde el micro bajó el ídolo máximo y actual presidente del club, Juan Román Riquelme, quien no suele acompañar con habitualidad a la delegación.
Apenas bajó Román, los hinchas salteños deliraron. Pero también lo hicieron con los futbolistas, quienes, en hilera, se acercaron a los fanáticos para devolverles el gesto y sacarse fotos o firmarle autógrafos o camisetas.
Ante las ausencias de Leandro Paredes (lesionado) y Edinson Cavani (preservado para el Apertura), los hinchas salteños enloquecieron con Miguel Merentiel, Ander Herrera, Santiago Ascacíbar y Adam Bareiro, el flamante refuerzo, que quedó sorprendido con la calidez del recibimiento. Ellos fueron los principales destinatarios de los carteles de niños que ya se habían ido preparados, con cámara, celular, camiseta y fibrón en mano, para el trueque por el trofeo que fueron a buscar de sus ídolos.
Entre la multitud, también llamó la atención una familia boquense oriunda de Misiones, de paseo por Salta, que se acercó al hotel para no perderse el acontecimiento.