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Los equipos salteños juegan con fuego: Central Norte y Gimnasia ponen en riesgo una plaza histórica en la Primera Nacional

Lo que hace pocos meses era motivo de orgullo para el fútbol salteño hoy empieza a transformarse en una preocupación seria. El cuervo y el albo atraviesan profundas crisis deportivas con recambio de entrenadores en el medio, ambos quedaron peligrosamente cerca del descenso y, por primera vez desde que comparten la Primera Nacional, la provincia siente que la plaza conseguida tras tantos años de lucha puede volver a escaparse.

Mariano  Fradejas
por Mariano Fradejas 11 Mayo de 2026
11 Mayo de 2026
Joaquín Mateo, de Central Norte, persigue a Walter Montoya, de Gimnasia y Tiro.
Joaquín Mateo, de Central Norte, persigue a Walter Montoya, de Gimnasia y Tiro. GyT Oficial

El fútbol salteño empieza a convivir con un temor que hace apenas algunos meses parecía lejano. Central Norte y Gimnasia y Tiro, los dos representantes de la provincia en la Primera Nacional, atraviesan presentes deportivos alarmantes y quedaron peligrosamente cerca de la zona de descenso, un dato que inquieta pese a no ser aún determinante, cuando restan 24 largas fechas en el recorrido hasta el final de la primera fase, la que determinará quiénes jugarán la finalísima por el primer ascenso, los clasificados al Reducido por la segunda plaza a Primera División y quiénes serán los cuatro equipos que bajarán de categoría.

Y el problema no es solamente futbolístico. Lo que está en juego es mucho más profundo: la continuidad de una plaza que a Salta le costó años recuperar en la máxima categoría del ascenso argentino.

Cuando Gimnasia logró el ascenso en 2023 después de 17 años de ausencia, el fútbol salteño recuperó un lugar estratégico que había perdido durante demasiado tiempo. Un año más tarde, el regreso de Central Norte terminó de completar una postal histórica: dos gigantes de la provincia compartiendo nuevamente la segunda división del país.

Aquella convivencia prometía fortalecer la competencia local, potenciar futbolistas, movilizar hinchadas y consolidar definitivamente a Salta dentro del mapa grande del ascenso argentino. Pero la realidad indica que hoy, ambos equipos están inmersos en crisis profundas, cambiaron entrenadores y transmiten más incertidumbre que respuestas.

El cuervo y su peligrosa apuesta de la renovación total

Central Norte vive una situación especialmente preocupante. El cuervo apenas suma 10 puntos en 11 partidos disputados, con una campaña sostenida en números muy pobres: dos triunfos, cuatro empates y cinco derrotas.

Sin embargo, el dato más alarmante aparece en ataque. El equipo convirtió solamente cuatro goles en todo el campeonato. Cuatro tantos en once fechas representan una producción ofensiva extremadamente baja para cualquier aspiración de permanencia, siendo el equipo con menos poder de gol de toda la categoría.

Defensivamente, tampoco logró sostenerse del todo firme: recibió ocho tantos y hoy apenas se mantiene afuera del candente perímetro del potencial descenso por una diferencia de gol mínima respecto a Acassuso, equipo que actualmente estaría perdiendo la categoría, junto al vapuleado Chaco For Ever en la Zona A.

En el medio de este panorama llegó la salida de Víctor “Polaco” Bastía tras la derrota frente a Ciudad Bolívar en el Martearena en la fecha 11, tras apenas diez partidos dirigidos, un final que terminó reflejando el fracaso de un ciclo que nunca logró consolidarse.

Pero el problema de Central va más allá del entrenador. La dirigencia apostó por una renovación masiva del plantel, incorporó más de veinte futbolistas y desarmó prácticamente toda la base anterior. La apuesta, al menos hasta ahora, salió mal.

Muchos refuerzos nunca rindieron y algunos ni siquiera llegaron a afirmarse. El caso de Ramiro Costa, que terminó dejando el fútbol agobiado por las lesiones, simboliza también una temporada atravesada por la frustración y la falta de respuestas.

Ahora al azabache le queda la esperanza de revertir el peligroso vendaval de irregularidad de la mano de su nuevo estratega, Mario Sciacqua, quien asumió el pasado lunes con un mensaje cargado de optimismo, y con esperanzas de nuevos aires, quien tendrá su debut absoluto, tras la salida de Bastía y el breve interinato de un partido del crédito local Normand Juárez, este domingo desde las 17, cuando los de Barrio Norte reciban a Deportivo Madryn en el estadio David Michel Torino.

El indisimulable desgaste del albo que no encuentra solución en los cambios de mando

Del otro lado, Gimnasia y Tiro protagoniza una crisis distinta, aunque igual de inquietante.

El albo había arrancado el campeonato con un impulso prometedor. Las primeras fechas alimentaban la ilusión de ver a un equipo nuevamente protagonista, como el que el año pasado quedó al borde de seguir peleando por el ascenso hasta caer en el Reducido frente a Estudiantes de Río Cuarto.

Pero el derrumbe llegó rápido.

Los malos resultados empezaron a acumularse, aparecieron rumores de tensiones internas y el equipo perdió completamente la solidez que lo había caracterizado. La derrota en el clásico frente a Central Norte terminó precipitando la salida de Fernando “Teté” Quiroz, otro ciclo que se rompió antes de tiempo.

La llegada de Juan Manuel “Vasco” Azconzábal tampoco logró modificar demasiado el panorama. Desde su desembarco, Gimnasia sigue sin reaccionar: sufrió derrotas frente a Chacarita, Tristán Suárez y Agropecuario —esta última especialmente dolorosa después de ir ganando 2-0 como local— y apenas rescató un empate ante Güemes de Santiago del Estero.

El único alivio apareció en la Copa Argentina, donde el albo eliminó a Gimnasia de Mendoza por penales y luego cayó con dignidad frente a Vélez. Pero en la Primera Nacional, la crisis continúa intacta.

Hoy Gimnasia tiene 12 puntos y quedó apenas a dos unidades de la zona roja en su grupo.

Y hay un dato que quizás explica gran parte del deterioro emocional del equipo: el Gigante del Norte dejó de ser una fortaleza. Gimnasia no gana en su estadio desde el 27 de febrero, cuando venció a Almagro por la tercera fecha. Pasaron casi dos meses y medio sin triunfos en la Vicente López, un síntoma impensado para un equipo que había construido gran parte de su campaña anterior desde la fortaleza como local.

A diferencia de Central, el albo sí apostó por sostener la base que le había dado resultados. Pero el desgaste apareció antes de lo esperado, el funcionamiento se desmoronó y el clima interno empezó a deteriorarse peligrosamente.

Los cuestionamientos ya no apuntan solamente a los entrenadores. Los hinchas comenzaron a poner bajo la lupa el rendimiento de muchos futbolistas, las decisiones dirigenciales y también el rol de Guido Milán, exdefensor del club y actual encargado de una especie de secretaría técnica que tampoco logra escapar de las críticas.

Lo más preocupante es que ninguno de los dos equipos transmite sensación de recuperación inmediata. Ambos parecen atrapados en dinámicas negativas, sin identidad clara y con planteles golpeados desde lo anímico.

Y en la Primera Nacional, cuando un equipo entra en ese espiral, salir suele ser muchísimo más difícil de lo que parece.

Todavía queda campeonato y hay margen para reaccionar. Pero Salta ya no puede darse el lujo de mirar la tabla con indiferencia.

Porque después de tantos años de esfuerzo para volver a tener representación fuerte en el ascenso grande del fútbol argentino, perder una plaza tan valiosa sería un golpe deportivo, institucional y simbólico enorme para toda la provincia.

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