La imagen de Julián Álvarez dejando el campo de juego en el duelo de Atlético de Madrid ante Arsenal por las semifinales de la UEFA Champions League encendió todas las alarmas en la Selección Argentina. Con el Mundial a la vuelta de la esquina, cualquier contratiempo físico genera inquietud, y más aún cuando se trata de una de las piezas clave del ataque albiceleste.
El episodio se dio a los 32 minutos del segundo tiempo, cuando el ex River disputó una pelota y sufrió una torcedura en el tobillo tras el cruce con Eberechi Eze. En ese momento, el partido estaba 1 a 1 y Álvarez ya había marcado un gol. Sin poder continuar, fue reemplazado en medio de la preocupación generalizada.
El susto no fue menor para Lionel Scaloni, que sigue de cerca la evolución de sus dirigidos en la recta final previa a la Copa del Mundo 2026. La buena noticia llegó horas después, cuando los estudios confirmaron que la lesión no reviste gravedad y que se trató de un golpe producto de la caída, lo que le permitiría entrenar con normalidad en los próximos días.
Otro golpe en el mismo partido
El encuentro también dejó otra señal de alerta con la salida de Giuliano Simeone, quien sufrió una sobrecarga muscular. El joven delantero, que pelea por un lugar en la lista definitiva, también generó preocupación momentánea.
Sin embargo, el propio Diego Simeone llevó tranquilidad tras el partido: aseguró que tanto Álvarez como su hijo estarán disponibles para la revancha en Londres.
Un contexto que preocupa
Más allá del alivio por Álvarez, el episodio se suma a una seguidilla de complicaciones físicas en la Selección. En las últimas semanas también encendieron luces amarillas Lautaro Martínez, Nicolás González y Cristian Romero. Si bien ninguno estaría descartado para la cita mundialista, todos llegarían con lo justo desde lo físico.
Este escenario obliga a Scaloni a monitorear cada detalle y administrar cargas, pensando en evitar riesgos innecesarios en un calendario exigente.