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Pese a tener rivales difíciles, los datos históricos contundentes que ilusionan a Boca con alzar la séptima Libertadores

Una llamativa coincidencia le abrió lugar a los cabuleros. Cruzeiro, Barcelona de Ecuador y Universidad Católica aparecen como nombres que despiertan recuerdos y renuevan la ilusión de cara a un nuevo desafío continental para el xeneize.

Redacción  Gente de Salta
por Redacción Gente de Salta 20 Marzo de 2026
20 Marzo de 2026
Carlos Bianchi levanta la Copa Libertadores de Boca en 2003.
Carlos Bianchi levanta la Copa Libertadores de Boca en 2003. Archivo

El Grupo D de la Copa Libertadores 2026, que tiene a Boca compartiendo zona con Cruzeiro, Universidad Católica y Barcelona de Ecuador, remite inevitablemente a algunos de los capítulos más gloriosos de su historia. Sin embargo, en el contexto actual, también abre un interrogante sobre el nivel de exigencia real que presenta la competencia.

El recuerdo más fuerte aparece con Cruzeiro, rival de la primera consagración en 1977. Aquel equipo dirigido por Juan Carlos Lorenzo construyó una campaña marcada por la solidez y la eficacia, que tuvo su punto culminante en la final disputada en Montevideo. Tras igualar en la serie, el desenlace llegó desde los doce pasos, donde Hugo Gatti se convirtió en héroe al contener el remate decisivo y sellar el primer título continental del club.

Ese Boca se caracterizó por una estructura defensiva casi impenetrable, avanzando en su grupo sin recibir goles y dejando en el camino a rivales de peso. La final ante el conjunto brasileño quedó grabada también por detalles que alimentaron la mística, como el cambio improvisado de camiseta impulsado por el “Toto” Lorenzo o la postergación del partido por niebla, elementos que con el tiempo se transformaron en símbolos de aquella conquista.

Décadas más tarde, el cruce con Barcelona de Ecuador también quedó asociado a una etapa dorada. En 2003, el equipo conducido por Carlos Bianchi utilizó la fase de grupos como plataforma para una campaña que terminaría con una contundente consagración ante Santos y una nueva Intercontinental frente al Milan. En ese recorrido, los duelos ante el conjunto ecuatoriano formaron parte del envión inicial.

Algo similar ocurrió en el año 2000 frente a Universidad Católica, en el inicio de otro ciclo exitoso. Boca superó con claridad a los chilenos en ambos encuentros de la fase de grupos y luego rompió una larga sequía continental, coronando la temporada con la recordada victoria ante Real Madrid en Tokio.

Todos estos antecedentes alimentan la ilusión en el presente, pero también contrastan con una realidad distinta. Si bien los nombres de los rivales evocan historia, el contexto actual del fútbol sudamericano —atravesado por decisiones dirigenciales cada vez más influenciadas por lo económico— deja la sensación de que la vara competitiva no siempre está a la altura de aquellas gestas.

En este escenario, Boca vuelve a cruzarse con equipos que forman parte de su memoria más gloriosa. Sin embargo, más allá del peso simbólico, el verdadero desafío estará en demostrar que, incluso en un torneo cuestionado por su nivel y organización, todavía es posible construir un camino que trascienda la nostalgia y se acerque a la exigencia de las grandes conquistas.

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