Una particular manera de narrar el fútbol

Quién era Julio Ricardo, el periodista que marcó una época

A semanas de los fallecimientos de Marcelo Araujo y Ernesto Cherquis Bialo, otra desaparición física enluta al mundo del deporte. Dueño de una voz inconfundible, Julio dejó una huella profunda en el deporte argentino con un estilo sobrio, reflexivo y respetuoso.

Por Redacción Gente de Salta

Julio Ricardo, otro emblema del periodismo que se nos fue. — Captura

El fallecimiento de Julio Ricardo López Batista generó conmoción en el periodismo deportivo argentino y reactivó la memoria de un profesional admirado por colegas, protagonistas e hinchas. Tenía 87 años y había sabido construir una identidad muy marcada: una manera de comunicar sin excesos, con precisión en las palabras, consideración hacia quienes eran noticia y una presencia que no necesitaba elevar el tono para imponerse.

Su crecimiento en popularidad estuvo asociado a su trabajo junto a José María Muñoz en Radio Rivadavia, aunque su trayectoria excede ampliamente esa etapa. Fue una carrera extensa, consistente y con múltiples facetas dentro de los medios.

Si bien el fútbol fue el territorio donde más se destacó y por el que el gran público lo identificó, su historia con el periodismo venía de raíz. Era hijo de José López Pájaro, impulsor del Círculo de Periodistas Deportivos, y se formó en un entorno atravesado por el debate, los libros y la vida cultural.

Antes de instalarse definitivamente en los medios, eligió la docencia como camino inicial. Se recibió siendo muy joven y dio clases en escuelas primarias hasta que, en 1957, inició su recorrido periodístico en Noticias Gráficas. A partir de allí, desarrolló un camino que incluyó radio, televisión y coberturas de enorme relevancia.

Durante décadas compartió espacios con figuras influyentes del ambiente y participó de programas y transmisiones que dejaron marca. Sin embargo, siempre preservó un estilo propio, incluso en contextos donde predominaban formas más ruidosas o confrontativas.

También tuvo participación política y desempeños en la función pública vinculados al peronismo, aunque siempre manejó ese aspecto con discreción. En más de una oportunidad explicó que mantenía sus convicciones sin necesidad de exhibirlas: valoraba el respeto por la diversidad de ideas y procuraba no mezclar diferencias ideológicas con el trabajo profesional.

Su mirada estaba atravesada por una sensibilidad particular. Podía evocar con la misma claridad una gira de la selección argentina en los años 60, un episodio trágico del Turismo Carretera, debates históricos del fútbol o un momento personal cargado de emoción, como el hallazgo de una placa familiar en Galicia. Esa combinación de memoria, cultura y humanidad lo distinguía.

Nunca se limitó a describir partidos. Su enfoque buscaba ubicar al deporte en un contexto más amplio, como parte de un fenómeno social y cultural, lejos de simplificaciones o divisiones superficiales.

Esa concepción también quedó expresada en algunas de sus frases más recordadas. En una distinción de la Legislatura porteña sostuvo que el deporte puede ser un ejemplo de convivencia, una demostración de que es posible relacionarse sin conflictos permanentes ni enfrentamientos constantes.