“No puedo ni levantar la mirada, lo siento, estoy muy emocionado. ¡Qué grupo de jugadores, hermano! Me tengo que ir, disculpame”. Quebrado, casi sin poder hablar, acalorado, Lionel Scaloni se fue sin perder el tiempo rumbo al vestuario después de una gesta más de los jugadores de la selección argentina. De sus jugadores. De un plantel que, parece, nunca da nada por perdido. Y el mejor ejemplo de eso fue la épica remontada en 13 minutos para pasar de estar 0-2 a ganarle 3-2 a Egipto para seguir en el Mundial.
“El método Scaloni”, una serie documental que se estrenó poco tiempo antes del inicio de la Copa del Mundo, lleva el título de una forma de concebir la gestión de grupos por parte del nacido en Pujato y todo su cuerpo técnico. La génesis del equipo de trabajo, todos ellos con pasado como futbolistas (Roberto Ayala, Walter Samuel y Pablo Aimar), sumados a la forma de confeccionar el grupo de parte del profe Luis Martín y el resto del staff (Matías Manna en la parte de video análisis y Martín Tocalli como DT de arqueros), son los bastiones del ciclo más ganador en la historia de la Selección mayor. De eso, no hay dudas.

Y durante esta Copa del Mundo en Norteamérica, el conjunto mostró saber jugar con sus emociones como ninguna otra selección en lo que va del torneo. Además de tener que lidiar con la recuperación de varios futbolistas que llegaron al límite en lo físico como los laterales derechos (Nahuel Molina y Gonzalo Montiel) y varios pilares del equipo como Cuti Romero, Julián Álvarez y Dibu Martínez, también el plantel afrontó la situación personal que atravesó Lionel Messi cuando se conoció el comunicado sobre la salud de su papá.
Por eso fue que en todo este contexto, sumado a la increíble actuación del seleccionado para dar vuelta un resultado que parecía definido, Scaloni exaltó la actuación en Atlanta del plantel. “La magnitud de lo de hoy es comparable con muchísimas cosas que hemos vivido porque es un equipo que no deja de ir para adelante, el fútbol es esto. La táctica y la estrategia son importantes, pero si no tenés esto que tuvimos hoy nosotros hubiésemos quedado eliminados”, expresó en una de las tantas respuestas que dio durante la conferencia de prensa posterior al duelo contra los africanos.
En este sentido, uno de los “hijos” de este seleccionado es Rodrigo De Paul. El Motorcito es el integrante del plantel con más presencias en el ciclo con 92 presentaciones, y fue durante la antesala a la eliminatoria con Cabo Verde que el volante central del Inter Miami dejó una mirada que define la capacidad de conducción que tiene el técnico. “Me hizo entender que la vida se puede ver desde un montón de lugares, incluso el fútbol. Como yo ya lo dije, lo más importante es que no somos jugadores de fútbol, sino personas que juegan al fútbol. Esa frase para mí es sumamente importante. Atrás de cada jugador hay una persona con muchos problemas, satisfacciones y desilusiones. Cuando ves que la persona que te guía entiende eso, te sentís en un lugar mucho más acogedor. Uno puede desplegar mucho más sus virtudes”.
Ese lugar confortable que mencionó el jugador surgido en las divisiones inferiores del Racing Club es la mejor forma de describir el liderazgo adoptivo que tomó el DT. Una manera de dar a entender un mensaje claro y directo que penetró en un grupo que lo reconoce como su líder espiritual. Uno que sabe administrar la riqueza como nadie. Que sabe cuando apretar en un entrenamiento, o cuando dale una tarde libre al plantel en medio del máximo torneo de selecciones organizado por la FIFA. Lo mismo que sumarse a disfrutar uno de los tantos asados que ya se hicieron en la concentración de Kansas City.

Esa forma de encarar la construcción del grupo fue la que sedujo a Messi de sobremanera. ¿Las razones? Todos saben quién es el genio y la figura. Pero como tantas veces mencionó el propio astro rosarino, este plantel lo recibió y lo cobijó. Y como sucedió el otro día frente a Egipto, todos hicieron lo imposible para dar vuelta el resultado y que no fuera esa la última función del número 10 con la camiseta celeste y blanca. “Yo ya lo he dicho muchas veces, soy muy agradecido de este grupo. Soy feliz de pertenecer. Sé que ellos siempre tienen unas palabras de cariño para mí. Y no solo palabras, me lo demuestran con hechos. Hace mucho tiempo que venimos compitiendo juntos y para mí es un orgullo poder competir al lado de ellos porque siempre entregan todo y creo que hoy fue una muestra más de todos”, reflexionó el capitán de la Selección tras la agónica victoria.
Palabras como las de Enzo Fernández, que explicó que “le dijimos que era temprano para que se acabe”, o mismo las de Leandro Paredes, parte del círculo íntimo de la Pulga, son una demostración de que el grupo juega por y para Messi. Pero en el sentido concreto de la frase. Ellos saben que si él está bien, inspirado, contenido, las chances de ganar son altas como la de aquellos que saben jugar a la ruleta en un casino. “Tratamos de abrazarlo, de que él sienta que vamos a estar con él hasta el final. Para nosotros es un plus tenerlo con nosotros. También jugamos para que ese último partido de él no llegue nunca”, mencionó el N° 5 de Argentina y Boca Juniors.
En un fútbol moderno en donde las tácticas intentan imponer el dominio territorial, el método de Scaloni presenta algo tan simple como complicado de ver. Es que tener la capacidad de combinar lo individual con lo colectivo a este nivel, marca la diferencia. “El todo es más que la suma de las partes”, dijo el reconocido filósofo griego Aristóteles. Y esta versión 2026 del seleccionado campeón del mundo expone como nunca esa faceta. A menos de un día de una nueva final para llegar a semis del Mundial, los jugadores ya conocen la fórmula que deben aplicar para alcanzar el éxito deportivo.

