River regresó al Monumental y volvió a tropezar: cayó 1-0 ante Gimnasia y Esgrima de La Plata, en su primer partido tras la dolorosa eliminación en semifinales de la Copa Argentina frente a Independiente Rivadavia. El encuentro se jugó apenas un día después de las elecciones que consagraron a Stefano Di Carlo como nuevo presidente del club, en medio de un clima cargado de tensión y descontento.
El único gol de la noche llegó en el segundo tiempo, luego de un penal sancionado a instancias del VAR, que Marcelo Torres cambió por el 1-0 para el Lobo. River tuvo la chance de empatar sobre la hora, también desde los doce pasos, pero Nelson Insfrán le contuvo el disparo a Miguel Ángel Borja, sellando así el primer triunfo de Gimnasia en Núñez en 20 años y garantizando su permanencia en Primera División.
La marcha de la bronca
El recibimiento del público reflejó la grieta emocional del momento: mientras varios futbolistas fueron silbados al ser presentados —entre ellos Colidio, Castaño, Borja, Galoppo, Paulo Díaz, Nacho Fernández, Bustos y Galarza—, el entrenador Marcelo Gallardo fue ovacionado con el clásico grito de “Muñeco, Muñeco”. La hinchada marcó así una clara diferencia entre su ídolo y el plantel, blanco de las críticas por el flojo rendimiento.
Una “caldera” y se viene Boca
Sin embargo, la paciencia se agotó cuando Gimnasia se puso en ventaja. El penal cometido por Juan Carlos Portillo sobre Bautista Merlini encendió la furia en las tribunas, y el Monumental estalló con cánticos de repudio hacia los jugadores: “Jugadores, la con... de su madre”, tronó desde los cuatro costados.
La derrota dejó a River envuelto en una crisis futbolística y emocional justo antes del Superclásico ante Boca, en una semana en la que el club vive una transición dirigencial y una creciente exigencia por parte de su gente.