La Selección Argentina se medirá ante Mauritania el próximo 27 de marzo en La Bombonera, en un encuentro que deja más interrogantes que certezas desde lo deportivo y que evidencia una decisión dirigencial marcada por intereses económicos.
Tras la frustrada organización de la Finalísima frente a España, que no se concretó por desacuerdos en la sede —mientras Europa presionaba para jugar en el Bernabéu y desde la AFA pretendían neutralidad o el Monumental—, Claudio “Chiqui” Tapia optó por dar por terminadas las negociaciones con la UEFA. Sin embargo, lejos de traducirse en una búsqueda de alternativas competitivas, la resolución derivó en un amistoso de bajo nivel.
La elección de Mauritania expone con claridad las prioridades: no hubo un criterio futbolístico en la decisión, sino una salida práctica para garantizar ingresos. Caída la opción de Guatemala por restricciones reglamentarias de la FIFA, el seleccionado africano apareció como el único dispuesto a aceptar condiciones favorables para la AFA, incluyendo viajar a Buenos Aires sin mayores exigencias.
De esta manera, la dirigencia asegura una importante recaudación en dólares por derechos televisivos y un estadio colmado, aunque a costa de resignar exigencia deportiva en la preparación del equipo.
Mientras tanto, la posibilidad de enfrentar rivales europeos de jerarquía quedó descartada en medio de tensiones con la UEFA, que buscaba imponer condiciones económicas y logísticas. Ante la negativa de los seleccionados del Viejo Continente de trasladarse a Sudamérica, la AFA eligió un camino más conveniente en lo financiero, pero discutible en lo futbolístico.
Así, en un año clave rumbo al Mundial, la Selección argentina suma un compromiso que poco aporta en términos de competencia, alimentando la sensación de que el negocio vuelve a imponerse por sobre el crecimiento deportivo.