Marcelo Gallardo se marcha de River con una imagen muy distinta a la que inspiró la construcción de su estatua en la puerta del estadio Monumental, la del romance idílico, la del ídolo viviente, la leyenda idealizada y el recuerdo latente de las glorias insuperables, que lo colocaron en el pedestal más alto de idolatría en Núñez por encima de tantos nombres que retumban con fuerza en la historia de la banda roja cruzada.
Los 14 títulos conseguidos desde su debut en Salta en aquella recordada serie con Ferro en la Copa Argentina 2014, en el estadio Martearena, sus ocho títulos internacionales, las Copas Libertadores (final histórica ante Boca en Madrid en 2018 incluida), alimentaron la estela de un héroe riverplatense al que jamás parecía alcanzarle una bala o una crítica, la de un hombre por encima del resto, el del consenso total del mundo River, y aquel a quien nadie parecía osar cuestionarlo.
Sin embargo, su segundo ciclo en el millonario fue el contraste a tanta gloria. Estuvo plagado de errores, de contrataciones multimillonarias sin éxito, de campeonatos perdidos, de excursiones coperas en las que el equipo nunca estuvo a la altura y de derrotas sumamente dolorosas con rivales ostensiblemente inferiores en nombre, historia y presupuesto. Incluso, la consecución de golpes derivó en que River no juegue la Copa Libertadores por primera vez en 11 años, como le sucederá en este 2026.
Hasta su regreso estuvo marcado por la polémica, cuando reemplazó en el cargo a Martín Demichelis en medio de fuertes rumores de arreglos entre las sombras con la dirigencia del por entonces presidente Jorge Brito, aún cuando Micho seguía en el cargo.
El derrotero rumbo al “cadalso”
El regreso de Gallardo en agosto de 2024 generó una expectativa enorme en Núñez, pero los resultados nunca acompañaron esa ilusión. En este segundo ciclo, River no logró consagrarse ni pelear seriamente por campeonatos, con la excepción de la Supercopa Internacional que cayó ante Talleres de Córdoba en la definición por penales, una final correspondiente a la gestión anterior.
En total, el balance arroja 85 presentaciones, con 35 triunfos, 32 igualdades y 18 caídas, estadísticas que quedaron lejos de los estándares que el propio entrenador había fijado durante su primera etapa.
Los momentos más destacados fueron dos victorias en el Superclásico ante Boca Juniors: el 1-0 en La Bombonera por la Liga 2024 con un equipo alternativo y el 2-1 en el Monumental por el Apertura 2025. Logros importantes desde lo simbólico, pero insuficientes para sostener un proyecto que prometía mucho más.
En el plano internacional, River estuvo lejos de competir en las Copas Libertadores que disputó. No logró estar a la altura frente a Atlético Mineiro ni Palmeiras, y tampoco consiguió clasificarse a la edición actual. A eso se sumaron otras salidas prematuras, una actuación apagada en el Mundial de Clubes y derrotas inesperadas en el torneo local, incluso en el Monumental, frente a rivales como Riestra, Sarmiento, Gimnasia y Tigre.
El contexto económico tampoco fue una limitación. La dirigencia destinó cerca de 100 millones de dólares para conformar un plantel a pedido del entrenador, con nombres de jerarquía pero un funcionamiento que nunca alcanzó su mejor versión.
El traspié ante el Vélez Sarsfield dirigido por Guillermo Barros Schelotto terminó de sellar el desenlace, luego de haber perdido en total 12 partidos en las últimas 20 presentaciones, números más pobres que los que incluso ostenta Newell's, equipo que se encuentra peleando el descenso.
Si la primera etapa del Muñeco, con 14 títulos entre 2014 y 2021, quedó grabada para siempre en la historia grande del club, esta segunda experiencia tendrá un recuerdo mucho más tenue. Ahora, en Núñez comienza la búsqueda de un nuevo conductor para intentar cambiar el rumbo.