Después de casi 100 años bajo el control de la familia Mastellone, la histórica empresa —dueña de La Serenísima y emblema del consumo masivo argentino— se encamina a un cambio definitivo: la salida de la familia fundadora y el avance hacia el control total por parte de Danone y Arcor.
El entendimiento, que podría oficializarse en los próximos días, destraba una negociación que durante meses avanzó con fuertes tensiones y bajo la amenaza de una disputa judicial. El punto más sensible siempre fue el mismo: el precio de la compañía.

De un lado, los accionistas que buscaban salir del negocio —la familia fundadora y el fondo Dallpoint— sostenían una valuación cercana a los US$250 millones por el paquete accionario en discusión. Del otro, Danone y Arcor se movían en cifras muy inferiores, con ofertas que en algunos tramos no superaban los US$40 millones. La diferencia no era solo numérica, sino que también reflejaba miradas opuestas sobre el presente y el futuro del negocio lácteo en la Argentina.
La negociación, que se había activado formalmente en abril de 2025 tras la decisión de los socios de ejercer la opción de compra prevista en el acuerdo vigente, quedó durante meses en un punto muerto. Incluso llegó a contemplarse un escenario de judicialización, con posibles derivaciones tanto en tribunales locales como en España, donde se rige el contrato entre las partes.

Sin embargo, con el paso de las semanas prevaleció una lógica pragmática: ninguna de las partes estaba dispuesta a estirar el conflicto hasta ese punto. Ese límite terminó funcionando como condición para el acercamiento final.
Integración y control
Más allá del resultado puntual de la negociación, la operación responde a una estrategia de fondo. Arcor y Danone buscan concentrar bajo una misma estructura todos los negocios asociados a La Serenísima, hoy fragmentados entre distintas unidades.

Mientras Mastellone Hnos. mantiene el corazón productivo —leche, quesos y manteca—, Danone concentra segmentos de mayor valor agregado como yogures y postres, muchos de ellos también comercializados bajo la misma marca. La unificación permitiría ordenar esa convivencia, reducir superposiciones y ganar eficiencia en escala.
El peso de esa integración se explica también por la magnitud de la compañía. La Serenísima procesa más de 1.400 millones de litros de leche al año, cuenta con marcas como Finlandia, Cremón, Ser y Martona, y una red de distribución que alcanza más de 63.000 puntos de venta en todo el país.
Fundada por el inmigrante italiano Antonino Mastellone, la empresa mantiene una presencia en el 89% de los hogares argentinos, según datos de Kantar, lo que la posiciona como una de las marcas más extendidas del consumo masivo local.
Un mercado más exigente
El avance sobre el control total también se inscribe en un contexto menos favorable para el sector. La caída del consumo, el aumento de costos y la presión de segundas marcas vienen modificando la dinámica de la industria, empujando a las compañías a revisar estructuras y buscar volumen.
En ese escenario, la operación no solo redefine la propiedad de una empresa emblemática, sino que anticipa un mercado con mayor concentración y menor margen para actores intermedios.
Para el consumidor, los cambios no se traducirán de inmediato en precios, pero sí en la forma en que se compite: desde promociones hasta presencia en góndola, con decisiones cada vez más centralizadas.
Orígenes y propiedad
La historia de la compañía se remonta a 1929, cuando el inmigrante italiano Antonino Mastellone fundó la empresa en la localidad bonaerense de General Rodríguez. Con el paso de las décadas, la firma se consolidó como una de las principales lácteas del país, con una fuerte impronta familiar en su conducción.

Tras la muerte de su fundador, el control quedó en manos de sus descendientes, con figuras como Pascual Mastellone al frente durante gran parte de su expansión y posicionamiento en el mercado. Bajo esa gestión, La Serenísima se transformó en una de las marcas más reconocidas del consumo masivo argentino.

En los últimos años, la estructura accionaria combinó la presencia de la familia con la de socios estratégicos. Danone ya tenía participación en el negocio a través de acuerdos vinculados al uso de la marca y ciertas categorías, mientras que Arcor se incorporó más recientemente como parte del esquema societario. El fondo Dallpoint, por su parte, también formaba parte del paquete accionario.
Con el acuerdo en marcha, ese esquema mixto se encamina a su disolución: Danone y Arcor pasarían a concentrar la totalidad de la compañía, marcando el cierre definitivo del ciclo iniciado por la familia Mastellone casi un siglo atrás.

El eventual acuerdo no solo implica una transferencia accionaria. Marca, sobre todo, el final de un modelo: el de una compañía que durante más de nueve décadas estuvo asociada a una familia y que ahora pasará a integrarse plenamente a la lógica de grandes grupos.
