Confesión de la secretaria de Energía María Tettamanti

La Argentina produce gas, pero no lo puede usar: la brecha que obliga a importar GNL

Los problemas argentinos en infraestructura repercuten en toda la economía y también en la energía.

Por Redacción Gente de Salta

El sistema vuelve a tensarse cuando, por el invierno, sube la demanda. — web.

La secretaria de Energía, María Tettamanti, reconoció que la Argentina deberá volver a importar Gas Natural Licuado (GNL) durante el invierno debido a las limitaciones en la red de transporte: el sistema, según sostuvo, no logra trasladar todo el gas disponible hacia los centros de consumo en los momentos de mayor demanda. Ahí aparece la brecha que obliga a importar.

La funcionaria lo planteó durante su participación en un ciclo de debate de energía y minería, donde sostuvo que “la infraestructura de gasoductos no acompañó el ritmo de crecimiento de la demanda en los últimos años” y advirtió que el esquema actual se encuentra rezagado, aunque proyectó mejoras a partir de obras en ejecución, en un sistema que, con la llegada del invierno, vuelve a operar al límite de su capacidad de transporte.

María Tettamanti, secretaría de Energía de la Nación.

El eje, según explicó, no está en la producción —que creció de manera sostenida en los últimos años impulsada por Vaca Muerta— sino en la capacidad del sistema para distribuir ese volumen hacia los principales centros urbanos e industriales, lo que genera un desbalance entre la oferta disponible y la demanda efectiva en los períodos de mayor consumo.

En ese contexto, cuando se incrementa de manera simultánea el consumo residencial, la demanda industrial y el uso de gas para generación eléctrica, la red de transporte alcanza su límite operativo y genera un faltante que debe ser compensado mediante importaciones, en un esquema que se repite cada invierno y que obliga a complementar la producción local con abastecimiento externo.

El recurso utilizado para cubrir esa brecha es el GNL, que llega en barcos, se regasifica e inyecta al sistema para sostener el suministro, lo que permite responder a la demanda en el corto plazo, pero introduce un costo adicional frente al gas producido en el país, con impacto tanto en el sistema energético como en la estructura de precios de la economía.

Un factor determinante en esa dinámica es la infraestructura, ya que la red de gasoductos fue diseñada para abastecer niveles de demanda promedio y no picos extremos, lo que genera una diferencia entre la capacidad disponible y el volumen requerido en los momentos críticos, especialmente durante los días de temperaturas más bajas.

En esa línea, Tettamanti planteó que no resulta eficiente construir gasoductos dimensionados exclusivamente para cubrir esos picos de consumo, debido al costo que implicaría sostener una infraestructura sobredimensionada durante gran parte del año, por lo que el sistema se organiza sobre una lógica mixta que combina producción local para el consumo habitual con importaciones para los períodos de mayor exigencia.

No hay suficientes gasoductos, pero, en el cálculo, se prioriza cubrir la demanda promedio antes que los picos de invierno, lo que obliga a importar.

Ese esquema también tiene efectos sobre el comportamiento del sector productivo, ya que el precio del GNL, generalmente más elevado que el gas local, actúa como señal para el mercado y lleva a algunas industrias a migrar hacia combustibles alternativos en los momentos de mayor costo, con el objetivo de sostener su nivel de actividad y mejorar su eficiencia operativa.

En paralelo, el Gobierno impulsa obras para ampliar la capacidad de transporte, entre ellas la expansión del Gasoducto Perito Moreno, que permitirá sumar unos 14 millones de metros cúbicos diarios, lo que apunta a reducir las restricciones actuales y mejorar la capacidad del sistema para trasladar el gas desde las cuencas productoras hacia los centros de consumo.

Sin embargo, esas mejoras no tendrán impacto inmediato, por lo que el sistema continuará dependiendo de importaciones para cubrir los picos de demanda en el corto plazo, en un escenario en el que la producción crece pero las limitaciones en la infraestructura siguen condicionando el aprovechamiento pleno del recurso.

El dato: aun con un fuerte incremento de la producción y un perfil exportador en expansión, la Argentina mantiene un límite interno que obliga a importar GNL durante el invierno, no por falta de gas, sino por restricciones en su capacidad de transporte.