El consumo de productos panificados atraviesa uno de sus peores momentos de los últimos años. Según datos del referente de la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), Martín Pinto, durante el gobierno de Javier Milei la compra de pan tradicional cayó entre un 50% y un 60%, mientras que las ventas de facturas y productos de pastelería registraron un desplome cercano al 80%.
Pinto describió un escenario crítico para el sector. "La situación de los panaderos de la Argentina es crítica. Seguimos en caída libre. Hace dos años y medio nos sentamos en un tobogán y no paramos de caer", afirmó.
Según explicó, la pérdida del poder adquisitivo llevó a que el consumo de pan tradicional retrocediera entre un 50% y un 60%, mientras que las ventas de facturas y productos de pastelería descendieron entre un 85% y un 90%. "En estos tiempos de crisis la gente dejó de consumir pan. Vienen y compran fraccionado, una o dos flautitas", señaló.
Pinto sostuvo además que el impacto económico ya provocó el cierre de unas 2.850 panaderías en todo el país, con una pérdida estimada de 17.000 puestos de trabajo.
Cambios en los hábitos de consumo
Desde el sector explican que el deterioro del poder adquisitivo modificó por completo los hábitos de consumo. Si antes era habitual comprar un kilo de pan, hoy la mayoría de los clientes adquiere únicamente lo que puede pagar en el momento.
La modalidad de compra pasó a ser completamente fraccionada: muchos consumidores llevan una o dos flautas para el día, en lugar de abastecerse para toda la familia.
Otro de los datos que más preocupa al sector es la desaparición de uno de sus principales clientes históricos: los jubilados. "La mayor clientela que perdimos en nuestro negocio son los jubilados, que con esta crisis dejaron de comer pan porque priorizan la compra de remedios", explicó Pinto.
El panorama también se refleja en la actividad de las panaderías. De acuerdo con la entidad, numerosos comercios trabajan apenas al 50% de su capacidad debido a la caída de las ventas y al incremento de los costos de producción, especialmente por las tarifas de los servicios públicos y el precio de la harina.
El dirigente agregó que la crisis también se refleja en un fenómeno cada vez más frecuente: personas que esperan el remanente de la producción de la tarde para solicitar alimentos, en lugar de comprarlos. "Hoy viene más gente a pedir que a comprar", señaló.