Tras asumir, hace poco más de una semana, el flamante Ejecutivo del Estado Plurinacional de Bolivia, Rodrigo Paz, afirmó haber encontrado “una cloaca de dimensiones extraordinarias” en materia institucional y económica.
Ante este escenario, los desafíos que enfrentará su administración podrían repercutir directamente en el comercio fronterizo con la Argentina, así como en los sectores energético y minero vinculados al triángulo del litio.
Lejos de liderar las encuestas antes de las generales, Paz, de raíces tarijeñas, pero nacido en España, repuntó su campaña con su “capitalismo para todos” y logró así, distanciarse del sector oficialista, que en el boca a boca se decía que era bastante cercano al actual presidente de Bolivia.
(Aplausometro de Milei: el mandatario argentino evitó aplaudir a su par chileno)
En diálogo con Gente de Salta, el ingeniero en finanzas y docente de la Universidad Católica Boliviana, Rodrigo Cardozo, analizó la situación del país vecino y señaló cuáles son las tareas clave de un gobierno que, según él, adoptaría un “estilo Milei” para “intentar recuperar la estabilidad económica”.
Uno de los puntos críticos es la crisis cambiaria “a lo Argentina”, tal vez la madre de todos los demás problemas y que le costó la caída política al Movimiento al Socialismo (MAS).
La escasez de divisas se explica, según el especialista, por una balanza comercial cada vez más deficitaria.
Ese deterioro responde, entre otras razones, a la pérdida de ingresos por las exportaciones de gas a la Argentina, que hasta 2024 era su principal comprador.
La expansión de Vaca Muerta redujo esa demanda y hoy Bolivia solo percibe un “peaje” por el transporte del gas argentino rumbo a Brasil.

A esto se suma una inversión extranjera, condicionada por acuerdos con regímenes como Venezuela o Cuba, limitada por el “cepo” a las transacciones en dólares y por reglas poco atractivas para el desarrollo del litio.
Estas restricciones alejaron a empresas de distintos países y dejaron el terreno casi exclusivamente a firmas rusas y chinas.
En paralelo, la crisis energética se profundizó por la falta de divisas para importar gasolina y diésel, además de una producción interna insuficiente.
Esto derivó en los últimos años en las recurrentes filas para adquirir combustibles, un síntoma del deterioro del sector.
El impacto en Argentina si Bolivia logra ordenar su economía
De lo macro a lo micro
Bolivia forma parte del triángulo del litio, aunque a diferencia de Chile, que combina un modelo público y privado, y de la Argentina, que mantiene un esquema provincial-privado, el Estado Plurinacional nacionalizó el recurso concentrado en el Salar de Uyuni, el más grande del mundo.
Esta decisión frenó la llegada de capitales nacionales y extranjeros.
Si el nuevo gobierno decidiera revertir esa política, el país podría abrirse al mercado global con una de las mayores reservas aún poco exploradas, lo que pondría a las mineras internacionales ante un nuevo dilema: invertir en Chile, en Argentina o en una Bolivia prácticamente “virgen” en términos de explotación industrial.

En el plano cambiario, el dólar llegó a cotizar hasta 15 bolivianos en el mercado informal, cuando durante años se mantuvo entre 7 y 8.
Tras las elecciones y la salida de escena de un posible gobierno socialista, “los dólares salieron de los colchones”, explica Cardozo, y la cotización retrocedió a 9,6 bolivianos.
El docente prevé que la política económica y monetaria buscará una receta “mileísta” que intente equilibrar las cuentas fiscales, recomponer las reservas internacionales y reducir los agobiantes impuestos que obligan al comercio en mantenerse fuertemente “en negro”, como mecanismo de supervivencia.

Si Bolivia lograra sanear su economía, un proceso que sería progresivo, el boliviano podría revalorizarse de manera significativa.
Ese fortalecimiento y el “blanqueo” de su actividad comercial, impactarían directamente en el comercio fronterizo de los tradicionales tours de compras en el paso Aguas Blancas–Bermejo, que podrían encarecerse y sufrir una transformación histórica.
