El contexto internacional se caracteriza, desde los años 80, por un crecimiento promedio cercano al 5 % en los países emergentes y por una dinámica de expansión de 1,5–2 % en los países ricos o centrales. La actual guerra comercial, con subas de aranceles de carácter discriminatorio, todavía no ha llegado a disminuir la actividad global, aunque existen excepciones.
El mundo atraviesa una realidad de estancamiento secular, sobre todo en los países centrales, que además presentan elevados niveles de endeudamiento. Japón es el principal ejemplo, junto con China. La IA aún no se manifiesta con claridad en las estadísticas de PBI; algo similar ocurrió con la llegada de las computadoras personales en los años 80. América Latina, como es sabido, tuvo un crecimiento mediocre entre 2010 y 2025. En el caso de Argentina, el crecimiento es dual: los sectores más rezagados enfrentan una situación recesiva.
A ello se suma la falta de crédito, que apenas alcanza el 6% del PIB, frente a ratios cercanos al 80 % en Brasil y Chile. Una mayor productividad podría impulsar la inversión bruta. El RIGI fomenta la inversión y ofrece un blindaje temporal en materia impositiva, cambiaria y regulatoria. Sin embargo, la eficiencia sigue siendo baja en el conjunto de las empresas públicas, que emplean a 120.000 personas.
En cuanto a la actividad, el estimador mensual de actividad económica (EMAE) de diciembre de 2025 registró un aumento interanual de 3,5%. En términos desestacionalizados, el índice creció 1,8% respecto de noviembre. En la comparación interanual, once sectores mostraron aumentos. Se destacó Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (32,2%), impulsado por una producción histórica de trigo, tanto en volumen (máximo de la serie) como en rinde promedio (50% por encima de las últimas cinco campañas).
No obstante, cuatro sectores registraron caídas interanuales y son, además, y son los de mayor impacto en el empleo. Se destacan Industria manufacturera (-3,9%) y Comercio mayorista, minorista y reparaciones (-1,3%), que en conjunto restaron 0,8 puntos porcentuales a la variación del EMAE.
De cara al mediano plazo, la estrategia de crecimiento del país no resulta del todo clara. La estabilidad macroeconómica es condición necesaria, pero no suficiente. Existe riesgo de crisis aun con cuentas fiscales ordenadas, como ocurre en Argentina desde enero de 2024. Países de Asia Pacífico experimentaron crisis macroeconómicas pese a registrar superávit fiscal; también ocurrió en México durante el “Tequila” de 1994 y en Chile en 1982.
El llamado “costo argentino” continúa afectando la productividad de las firmas y la competitividad del país. La reforma laboral recientemente discutida en el Congreso se alinea con la visión empresarial y puede contribuir a mejorar la dinámica competitiva, aunque por sí sola no impulsará el crecimiento. Las instituciones también constituyen un factor crítico dentro de ese costo estructural. En este marco, se espera la discusión de una reforma tributaria.
En el mediano y largo plazo persiste el temor a una mayor concentración productiva en actividades primarias, en una dinámica cercana a la denominada “enfermedad holandesa”. Las exportaciones crecerían con fuerza en los sectores más dinámicos —energía (hidrocarburos), minería de litio y cobre— a los que se suma el agro, aún afectado por retenciones distorsivas.
Pese a sus abundantes recursos naturales y a una estructura industrial de baja eficiencia promedio, Argentina presenta un desempeño exportador mediocre: Paraguay creció 1.500 % desde comienzos de siglo, Brasil 350 % y nuestro país apenas 150 %.
La apertura comercial nos encuentra con bajas reservas en el Banco Central. Además, este proceso coincide con el desafío de una mayor inserción de la IA en la estructura productiva. En este contexto, podrían resultar razonables políticas industriales sectoriales que permitan comprender la lógica de funcionamiento de las principales cadenas de valor. Lo ideal sería una relación de cooperación público-privada basada en el diálogo entre los actores involucrados.
El proceso de destrucción creativa fue propuesto por Schumpeter. En palabras de Arriazu, puede transformarse en un problema de destrucción cuando esta resulta más intensa que la creación. El empleo más vulnerable ronda el 60 %, concentrado principalmente en el segmento informal urbano. Las empresas de mayor tamaño aprovechan la IA en mayor medida —hasta tres veces más— que las pymes. Algunas tecnologías expanden el empleo en las compañías, mientras que otras lo destruyen.
El caso Fate funciona como disparador para discutir cómo gestionar esta transición. El desafío debe enfrentarse con prudencia, ya que en esta responsabilidad el gobierno también se juega la elección de 2027.