Mientras el mercado automotor volvió a enfriarse en mayo, con una caída todavía peor en Salta, BYD consiguió moverse a contramano dentro de un segmento cada vez más visible: el de los autos eléctricos. La marca china, que concentró tres de cada cuatro ventas eléctricas del país, ahora busca ampliar su ofensiva, con una apuesta puesta sobre un terreno históricamente dominado por fabricantes tradicionales: la seguridad.
Esa apuesta tiene un nombre tan llamativo como ambicioso: God’s Eye, o “El ojo de Dios” en español, un sistema de asistencia inteligente a la conducción con la que BYD busca que sus vehículos puedan leer el entorno, anticipar riesgos y reaccionar antes de que un error humano termine en accidente.
Salta, según el último informe de ACARA, registró en mayo 806 patentamientos, 468 menos que el mismo mes del año pasado, lo que marcó una caída interanual del 36,7%. En paralelo, dentro del segmento de autos 100% eléctricos, BYD concentró 485 de los 647 patentamientos registrados en el país, equivalente al 75% del mercado eléctrico, con el Dolphin Mini como modelo más vendido de la categoría.
Ese liderazgo se explica, sobre todo, por el desempeño del propio Dolphin Mini, que alcanzó 396 patentamientos en mayo y quedó por encima del BYD Yuan Pro, otro modelo de la misma marca, que registró 89 unidades. Así, mientras el mercado tradicional atraviesa un momento de retracción, la automotriz china logró instalar dos vehículos propios en la cima de una categoría todavía rezagada, pero cada vez más visible dentro de la discusión sobre movilidad y tecnología.
BYD, que viene de desplazar a Tesla como líder mundial en ventas anuales de vehículos eléctricos, no busca ser reconocida sólo por volumen, precios competitivos o autonomía, sino también por una promesa más compleja: convertir a sus autos en plataformas inteligentes, capaces de asistir al conductor y reducir riesgos a partir de sensores, cámaras, radares, software e inteligencia artificial.
El sistema God’s Eye tiene tres escalones principales. El más avanzado, conocido como DiPilot 600, utiliza tres sensores LiDAR y está pensado para modelos de lujo del grupo; una versión intermedia, DiPilot 300, incorpora un LiDAR y apunta a vehículos de mayor equipamiento; mientras que el DiPilot 100, más masivo, se apoya en cámaras, radares y sensores para llevar funciones de asistencia inteligente a modelos de mayor volumen dentro de la propia marca BYD.
En la práctica, el “Ojo de Dios” busca que el vehículo pueda interpretar con mayor precisión lo que ocurre alrededor, detectar obstáculos, asistir en autopistas, mantener el carril, controlar la distancia con otros autos, intervenir en ciertas maniobras y colaborar en el estacionamiento.
La apuesta más fuerte se conoció en China, donde BYD anunció una cobertura total de daños por un año para los usuarios que utilicen correctamente la función Urban NOA, una asistencia de navegación urbana vinculada a su sistema inteligente. Según la compañía, si se produce un accidente con responsabilidad legal mientras el conductor opera esa función, la empresa cubrirá las pérdidas económicas resultante.
En la Argentina, el vínculo entre esa estrategia global y el mercado local aparece a través del Dolphin Mini, que además de liderar los patentamientos entre los eléctricos se comercializa con un paquete de seguridad poco habitual para un modelo urbano de entrada. Según la información difundida por la marca, el modelo incluye seis airbags y asistencias avanzadas a la conducción, entre ellas frenado autónomo de emergencia, advertencia de salida de carril, control crucero adaptativo, reconocimiento de señales de tránsito y control automático de luces altas.