La historia puede repetirse en 2026

Era Milei: cuánto perdió el que compró dólares y cuánto rindieron los pesos invertidos

Un repaso con números concretos sobre qué ocurrió con los ahorros en moneda dura y qué alternativa resultó más conveniente, más las proyecciones de inflación y tipo de cambio hacia adelante.

Por Juan Ancalle

Javier Milei. Imagen generada a modo ilustrativo. — GDS.

Con poco más de dos años de gestión, Javier Milei y su equipo económico —encabezado por Luis “Toto” Caputo— rompieron una costumbre en el ahorro argentino: dolarizarse como refugio. Lo que durante décadas funcionó como blindaje frente a la inflación y alertas devaluatorias terminó, media gestión libertaria y un esquema de bandas cambiarias después, en las cuentas de los ahorristas “bajo colchón” con una derrota por goleada.

A fines de 2023, quien compró USD 1.000 cuando el dólar libre rondaba los $1.000 desembolsó $1.000.000. Hoy, si vende esos mismos dólares, recibiría cerca de $1.420.000: una ganancia nominal del 42%. Pero al descontar la inflación acumulada desde entonces, su poder de compra cayó alrededor de un 62%.

 Traducido al bolsillo: el dólar subió, sí. Pero con los precios actuales, esos dólares no pueden comprar ni cerca de la mitad que en diciembre de 2023.

Santiago Bausili, presidente del BCRA y Luis Caputo, ministro de economía.

La mayor ola de compras se concentró en los momentos de mayor incertidumbre: la asunción del nuevo gobierno y el temor a una dolarización inmediata, el inicio del esquema de bandas cambiarias, las elecciones legislativas y, más recientemente, la actualización del propio esquema. En cada episodio, el reflejo fue el mismo: cubrirse ante la posibilidad de una devaluación.

Pero el salto que muchos esperaban no llegó en la magnitud prevista. El tipo de cambio avanzó, sí, pero dentro de un marco más controlado, mientras la economía transitaba un reordenamiento fiscal y monetario que moderó la presión cambiaria. La apuesta al billete, esta vez, no encontró el escenario habitual.

Quienes se dolarizaron en el pico de la incertidumbre, entre fines de 2023 y buena parte de 2024, fueron los más perjudicados, con pérdidas reales marcadas a medida que la inflación corría más rápido que el tipo de cambio. Recién hacia 2025, cuando el dólar había quedado más rezagado frente al resto de los precios, aparecieron ventanas puntuales con resultados algo más favorables. Sin embargo, el saldo general es claro: dolarizarse por reflejo dejó de ser una garantía automática.

Los pesos invertidos

En cambio, quienes no se quedaron quietos y pusieron esos pesos a trabajar fueron los que encontraron una pileta con agua. No fue el billete guardado, sino el peso invertido en instrumentos de rendimiento -como el plazo fijo- el que logró marcar la diferencia.

En el arranque de 2024, tras la fuerte devaluación inicial, las tasas fueron particularmente elevadas. Luego bajaron durante 2024 y 2025 —con plazos fijos que en varios momentos rondaron el 30% o 40% anual—, pero aun así ofrecieron un diferencial atractivo frente a un tipo de cambio que avanzaba al 1% mensual.

Luis Caputo y Javier Milei.

Si ese mismo ahorrista hubiera vendido sus USD 1.000 y renovado el millón de pesos en plazo fijo mes a mes, capitalizando intereses, hoy tendría un capital cercano a los $2 millones o más. Traducido nuevamente a dólares, eso implicaría entre USD 1.400 y USD 1.600. Es decir: una ganancia entre el 40-60% solo en plazos fijos.

De hecho, según la consultora 1816, una estrategia activa de inversión en pesos —más ambiciosa en cuanto a rendimientos— acumuló un retorno en dólares cercano a duplicar el capital inicial desde la asunción de Milei.

El que apostó al peso ganó: el retorno total en dólares fue de 88% acumulado desde que asumió Milei a fines de 2023”, calculó la consultora, tomando en cuenta instrumentos en pesos como Lecaps, bonos y fondos comunes de renta fija en moneda local.

Por qué pasó

El fenómeno no fue casual. Se apoyó en cuatro pilares claros:

  • Ancla cambiaria. El Gobierno utilizó el dólar como referencia para intentar desacelerar la inflación.
  • Superávit fiscal. Menos emisión implicó menor presión sobre el mercado cambiario.
  • Tasas atractivas en pesos. Los instrumentos en moneda local ofrecieron rendimientos por encima del avance del tipo de cambio.
  • Cambio de expectativas. El mercado dejó de anticipar una devaluación inminente.

Ese combo generó algo inusual en la Argentina reciente: dólar contenido y premio por quedarse en pesos —pero invertidos—. Ahí reapareció el carry trade: vender dólares, colocarse en tasa y luego recomprar.

Pero el esquema no es automático ni eterno. Depende de que la inflación continúe desacelerándose y que el tipo de cambio no tenga un salto brusco. Si ese equilibrio se rompe, el flujo puede revertirse.

Qué dicen las proyecciones

Inflación. Las estimaciones privadas coinciden en que la desaceleración inflacionaria continuaría durante 2026, aunque sin desaparecer del todo la tensión entre precios y tipo de cambio. Según el último relevamiento de LatinFocus y FocusEconomics, la inflación promedio de este año rondaría el 25%, y bajaría hacia el 15% en 2027. 

El último descenso de la inflación se registro en el periodo abril-mayo del año pasado.

Es una trayectoria descendente, pero todavía elevada para los estándares regionales. La clave será si el proceso logra consolidarse sin que reaparezcan presiones cambiarias.

Dólar. En paralelo, el consenso proyecta un dólar más apreciado en términos reales. Los analistas prevén que el tipo de cambio oficial cierre 2026 en torno a los $1.700 y 2027 cerca de los $1.950, lo que implicaría una suba anual menor a la inflación esperada. En otras palabras: el esquema de bandas seguiría permitiendo una depreciación gradual, pero sin un salto brusco. 

Si ese escenario se cumple, el diferencial entre tasas en pesos y ritmo del dólar podría mantenerse. Si no, el equilibrio que favoreció al carry podría cambiar rápidamente.

Banco Central

En la era Milei, el resultado fue inesperado para quienes resguardaban en el dólar, vieja maña argentina. La cobertura automática no funcionó y, en el balance de estos dos años, el reflejo de dolarizarse terminó en una derrota por goleada frente a quienes aprovecharon las tasas en pesos.

Mientras la inflación corrió al 2% o 3% mensual, el dólar se movió muy poco. Esa diferencia se pagó con pérdida de poder adquisitivo para el ahorrista en dólares.