Tal como viene adelantando Gente de Salta, la falta de nacimientos, que no es un fenómeno nuevo y se proyecta agudizar para 2030, hoy ya se hace sentir en el sistema educativo: lo demuestra el cierre de divisiones en escuelas primarias y la extinción completa de al menos dos jardines relevados por este medio.
En ese contexto, la historia de una maestra de nivel inicial expone el impacto laboral de este proceso. Con cuatro años de estudio, título habilitante y otros años más de experiencia, se quedó sin alumnos cuando en la institución en la que trabajaba cayó la matrícula. Para evitar su desvinculación, desde la institución le ofrecieron pasar a cumplir tareas de personal de limpieza.
La docente se desempeñaba en el nivel inicial, con niños de 3 y 4 años. En una sala de jardín maternal en el centro de la ciudad, en un establecimiento que pese a tener números históricamente estables en sus planillas, fue afectado por “la decisión de las parejas de no tener hijos”, según palabras de sus directivos.
El hecho ocurrió a inicios del 2025, y al quedar contra las cuerdas frente a la situación de decidir entre quedar sin trabajo o mantenerlo bajo condiciones muy distintas a las que dicta su preparación profesional, encontró otra salida: una colega suya, unos años antes, abrió en el barrio autódromo un nuevo jardín en donde pudo ubicarse durante esos meses, hasta ahora. Ese nuevo espacio cerró definitivamente hace unos días, otra vez por falta de niños.

¿Qué pasa con las maestras que quedan sin trabajo? “Sobreviven”, resumen cinco de las profesionales afectadas por el fenómeno. Lejos de ser absorbidas por centros de gestión estatal —que, según relataron a Gente de Salta, también enfrentan caída de la matrícula— muchas comienzan a dejar la vocación para poder subsistir. Eso sí, no por voluntad propia.
“Algunas insistimos con la educación —cuenta a este medio una joven exdirectora de uno de los centros que cerró—. Yo, por ejemplo, ahora me dedico a hacer materiales para las seños que sí tienen trabajo, pero que, por tener doble turno para ganar un poco más, no pueden producir sus propios elementos didácticos. Corto goma eva con láser para facilitarles el trabajo a las maestras que sí pueden enseñar.”
Pese a haber quedado sin trabajo durante la pandemia, para 2023 la exdirectora de un jardín de la zona del Autódromo abrió su propio centro y lo “remó”, según contó, durante tres años, hasta que se volvió insostenible. No solo cumplía tareas como maestra, sino también como directora, secretaria y tesorera y daba trabajo a cuatro colegas.

Hacia fines de 2025, la docente calculó que necesitaba al menos 60 niños para que el jardín fuera económicamente viable. “Solo tenía 36”, resumió. Con aproximadamente la mitad de los alumnos necesarios, el espacio terminó cerrando.
En cuanto a la “seño” a la que le ofrecieron pasar a personal de ordenanza —limpieza y mantenimiento, en criollo— para no despedirla, agradeció el interés de este medio, pero evitó dar declaraciones. Su situación pudo ser confirmada por cuatro fuentes distintas, entre allegados y la institución que le hizo la propuesta. Sus colegas cuentan que dar nombres o hacer públicos algunos testimonios puede condicionar futuras contrataciones en un mercado laboral “jodido”.
Lo que sí se sabe es que hoy la “seño” trabaja en una feria hasta las nueve de la noche, cuanto menos.
Lo que también se sabe es que esos niños que hoy faltan en los jardines, en dos o tres años tendrían que estar empezando la primaria.



