Entre enero y abril del año en curso, la provincia exportó poco más de US$ 4 millones FOB y alrededor de 1,35 millones de litros de vino. Sin embargo, esos montos representaron apenas el 2% de un sector que es dominado en un 94% por Mendoza, por lo que Salta apenas llega a disputar el segundo lugar junto a San Juan.
Aunque las exportaciones de vino crecieron en todas las provincias, un informe privado al que accedió Gente de Salta, advierte una reconversión en la cadena de valor a nivel nacional. Y es que solo en abril, las exportaciones interanuales del fraccionado en tetrabrik aumentaron un 177,9% mientras que el granel avanzó un 82,7%. En pocas palabras, se envían más litros, pero el valor agregado es menor, por lo que se perciben menos dólares por venta.

En el mapa vitivinícola exportador, Mendoza continúa dominando ampliamente el negocio nacional con el 94% de las exportaciones de vino, según un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Muy por detrás aparecen Salta y San Juan, ambas con una participación cercana al 2%, mientras que La Rioja apenas alcanza el 1%. En términos económicos, eso significa que mientras Mendoza concentra prácticamente todo el comercio exterior vitivinícola argentino, provincias como Salta disputan espacios mucho más reducidos, aunque con fuerte presencia en segmentos asociados a vinos de altura y etiquetas premium.
El relevamiento sobre mercado interno incluso permite dimensionar mejor el tamaño real del circuito salteño. Durante marzo de 2026, el vino comercializado en el país alcanzó los 60,3 millones de litros, de los cuales apenas el 1,2% correspondió a despachos originados en Salta. Traducido en volumen, eso implica cerca de 724 mil litros colocados en el mercado doméstico durante ese mes.
Si se compara ese nivel de comercialización interna con los aproximadamente 1,35 millones de litros exportados entre enero y abril, aparece una de las particularidades del vino salteño: para su escala productiva, la provincia mantiene una presencia relativamente fuerte en el comercio exterior, especialmente vinculada a segmentos premium, vinos de altura y bodegas boutique orientadas a mercados específicos.

El contraste también deja ver dos modelos distintos dentro de la industria vitivinícola argentina. Mientras gran parte del crecimiento nacional empieza a apoyarse en vino a granel, tetrabrik y segmentos de menor precio relativo, Salta históricamente construyó su posicionamiento alrededor de etiquetas con mayor valor agregado, especialmente asociadas a Cafayate y los Valles, y al mercado de vinos varietales.
Sin embargo, el propio informe del CEPA advierte que el mercado interno también atraviesa una transformación estructural. Durante el primer trimestre de 2026, los vinos sin mención varietal —de menor precio— aumentaron 5,8%, mientras que los varietales cayeron 10%, reflejando un desplazamiento del consumo hacia productos más accesibles en paralelo al aumento de inflación en esos meses.

A eso se suma otra presión creciente: el cambio en los hábitos de consumo. El informe remarca que el consumo per cápita de vino en Argentina cayó de 23,8 litros anuales en 2015 a apenas 15,77 litros en 2025, en medio de una mayor competencia de bebidas sustitutas y del avance de productos con bajo o nulo contenido alcohólico.
En cuanto a variedades, el informe marca que el Malbec continúa siendo la carta principal del vino argentino en el exterior, con el 70% del volumen exportado. En el mercado interno, en cambio, el consumo aparece mucho más volcado hacia vinos sin mención varietal, que explicaron el 72,9% de los despachos acumulados entre enero y marzo, frente al 24,2% de los varietales.
En ese escenario, la discusión dentro del sector ya no pasa solamente por vender más litros, sino por sostener rentabilidad y valor agregado. Y ahí es donde Salta enfrenta un desafío distinto al de otras provincias: competir en un mercado cada vez más orientado al volumen, sin resignar el perfil premium que le permitió posicionarse dentro del mapa vitivinícola argentino.