Mediante su informe “Nuevo escenario político económico: estrés y bienestar en una Argentina en transición”, la Universidad Católica Argentina difundió un análisis basado en cuatro documentos técnicos que examinan pobreza, nuevas pirámides socioeconómicas, privaciones alimentarias y niveles de estrés económico en los hogares urbanos del país durante el 2025.
Ubicó las tasas de pobreza en 36,6% y el índice de indigencia en 6,8%, posiciones por abajo de los datos del 2024. El trabajo forma parte del Observatorio de la Deuda Social e incluye evaluaciones de largo plazo y de coyuntura, además de una advertencia dirigida al sistema estadístico nacional.
En semanas previas, el INDEC había sido cuestionado por la modificación de series desestacionalizadas sobre la actividad económica del país en anteriores meses, que generaron dudas sobre la consistencia de ciertos indicadores. El organismo respondió con un comunicado técnico donde explicó que las variaciones detectadas obedecían a procesos internos de actualización de índices.
En este contexto, la UCA incorporó una aclaración metodológica en su informe sobre privaciones monetarias.
“Las mediciones de pobreza e indigencia dependen de insumos que hoy están bajo revisión, en particular la valorización de las canastas básicas”, señalaron desde el Observatorio.
Al “pero” le sumaron advertencias sobre algunos cambios en precios regulados pueden derivar en una lectura “sobreestimada de la mejora reciente” en los indicadores oficiales.
Pobreza e indigencia: Cómo evolucionó
Según el informe de privaciones monetarias, la pobreza urbana alcanzó 36,3% en 2025, un valor similar al observado en 2022 y 2023. La indigencia se ubicó en 6,8%, con una reducción respecto de los picos de 2024, cuando la aceleración inflacionaria había presionado la capacidad adquisitiva de los hogares. Estos resultados surgen de la serie de la Encuesta de la Deuda Social Argentina, que permite observar tendencias previas a la actual transición política y económica.
El análisis histórico muestra que la pobreza permaneció entre 28% y 45% desde 2010, con incrementos marcados en 2018, 2019 y durante la pandemia. La UCA remarcó que “los niveles recientes son comparables a los registrados en 2018 y 2022, períodos también afectados por tensiones en ingresos y consumo”, lo que sugiere una persistencia estructural más allá de los cambios coyunturales.
Las brechas por nivel socioeconómico son amplias. En 2025, la pobreza supera 70% en hogares de nivel muy bajo y se mantiene por debajo de 5% en los estratos medio altos. “La cronicidad de la pobreza continúa siendo elevada en los sectores más vulnerables”, indicaron desde el Observatorio. La presencia de niños vuelve a ser determinante: los hogares con menores registran niveles cercanos a 58,9%, muy por encima del resto.
La pirámide socioeconómica
El documento principal incluye una pirámide socioeconómica basada en ingresos mensuales estimados para octubre de 2025. En la base, el estrato de pobreza extrema abarca 10% de los hogares, con ingresos de hasta 800 mil pesos mensuales. Los bajos no indigentes representan 20%, con ingresos entre 800 mil pesos y 2 millones pesos mensuales.
En los tramos medios se ubican los hogares vulnerables, con ingresos entre 2 millones pesos y 3,5 millones pesos, y los medios aspiracionales, entre 3,5 millones pesos y 5 millones pesos. Cada grupo concentra 20% de la población urbana. Estas franjas suelen ser sensibles a variaciones en empleo registrado, tarifas y precios de servicios.
En el extremo superior, 7% corresponde al estrato de medios altos, con ingresos entre 15 millones de pesos y 30. millones de pesos, mientras que la elite socioeconómica, con ingresos superiores a 30.000.000 pesos mensuales, representa 3%. “La estructura mantiene brechas estables y reproduce desigualdades persistentes”, subrayó el Observatorio.
Estrés económico: Casi la mitad del país declara insuficiencia de ingresos
El indicador de estrés económico, definido como la percepción de que los ingresos del hogar no alcanzan para cubrir necesidades básicas, afectó a 46,8% de la población en 2025. Esta cifra desciende levemente respecto de 2024, aunque continúa por encima del piso histórico cercano a 35%.
“El 42% considera que su situación económica actual es peor que la de sus padres, con una mayor prevalencia de esta percepción negativa en los estratos socioeconómicos más bajos. Y poco más del 40% espera una situación económica peor para el país”, afirma el informe
El nivel socioeconómico vuelve a ser determinante: en los estratos muy bajos supera 70%, mientras que en los estratos medio altos se mantiene cerca de 35%.
"La población no ha sentido la baja de la pobreza con la intensidad que muestran los indicadores tradicionales”, explicó la UCA.
Destacó también que el estrés económico combina ingresos, gastos y percepción real del consumo.
Inseguridad alimentaria y bienestar: Mejoras parciales pero niveles altos
El informe de privaciones estructurales registró para 2025 una inseguridad alimentaria total de 18,7% y una severa de 7,8%, luego de los picos de 2024. Entre los hogares de nivel muy bajo, la inseguridad total supera 40% y la severa se ubica por encima de 23%. La presencia de niños vuelve a aumentar el riesgo.
En paralelo, los indicadores de malestar psicológico mostraron un leve descenso. El 27,1% de la población adulta reportó síntomas de ansiedad o depresión en 2025, frente al máximo de 28,1% registrado en 2024. “Las brechas entre estratos socioeconómicos se mantienen sin cambios aparentes”, detalló el informe.
Conclusiones del Observatorio
En su evaluación final, la UCA planteó que el país atraviesa una etapa de transición económica y política caracterizada por mejoras puntuales tras el ajuste de 2023 y 2024, pero sin una transformación profunda en las condiciones estructurales. “La economía continúa siendo frágil y las desigualdades persisten incluso en contextos de estabilización inflacionaria”, indicó el Observatorio.
El informe concluye que la pobreza y el estrés económico descienden parcialmente durante 2025, aunque los niveles actuales siguen siendo comparables a años críticos como 2018 y 2022.
La permanencia de brechas entre estratos y la concentración de privaciones en hogares con niños llevan al Observatorio a señalar que “la recuperación reciente no debe interpretarse como un cambio estructural, sino como un alivio transitorio cuya sostenibilidad aún debe evaluarse”.