El reconocido bagualero salteño, Severo Báez, murió este jueves 15 de enero, en su casa de la ciudad de Salta, donde reside desde los 14 años, cuando llegó de su Brealito natal.
Durante toda su vida se destacó por el trabajo que realizó para revalorizar la copla y la baguala, como formas de expresión típicas de la región, y difundir la cultura ancestral de la región de los Valles Calchaquíes, especialmente de ceremonias emblemáticas como las de la Pachamama y el carnaval.

Su caja se convirtió en el símbolo de sus raíces, y su idioma fue siempre la copla, mientras que a su casa, en el barrio Villa Primavera, de la capital salteña, la transformó en el centro de expresiones destinadas a mantener vivas las costumbres y tradiciones ancestrales que laten en el corazón del norte argentino.
Fundó el Centro de Residentes Vallistos y Puneños, que funciona en lo que era su casa, junto con su compañera Rafaela Gaspar, y con el tiempo se constituyó en el escenario de ceremonias y rituales típicos, para homenajear a la Madre Tierra y a las almas, en su día, y para celebrar el carnaval, entre otros.

Siempre fiel a su esencia, llenó de versos y poesía las páginas del folclore argentino, basado en la profunda conexión con sus raíces, y durante décadas recorrió escenarios de todo el país, de Latinoamérica y Europa, junto a Los Bagualeros del Norte Argentino, para transmitir la vivencia de los cerros y las montañas de la Puna y los Valles Calchaquíes.

Su partida genera una enorme tristeza entre los referentes del folclore salteño, pero su legado, su ejemplo de vida y su trayectoria dejan una huella imborrable en la cultura de Salta.
