La sala de Sotheby’s quedó en silencio antes de que empezara la puja. Minutos después, ese mismo espacio sería testigo de uno de los movimientos más sorprendentes del mercado del arte moderno: un cuadro de Gustav Klimt superaría todos los valores conocidos para una obra del siglo XX y se convertiría en la pieza moderna más cara jamás vendida en subasta.

El “Retrato de Elisabeth Lederer”, pintado entre 1914 y 1916, alcanzó los 236,4 millones de dólares, un monto que en veinte minutos lo ubicó por encima de Picasso, Bacon, Warhol y Modigliani, y solo por detrás del “Salvator Mundi” de Leonardo da Vinci, vendido por 450 millones en 2017. Con ello, ingresó al grupo mínimo de obras que superan los cien millones de euros, un club donde casi nada cambia de lugar.
La escena fue tan competitiva como breve: al menos seis postores se enfrentaron en incrementos de varios millones hasta que un comprador telefónico consiguió imponerse. El subastador Oliver Barker cerró la puja y el salón respondió con un aplauso que sintetizaba el momento. “Más de 25.000 personas vinieron a verla antes de la subasta”, dijo Charles Stewart, director de Sotheby’s, al explicar el clima que rodeó la venta.
Una obra con historia y una colección que marca tendencia
La procedencia del cuadro también generó expectativas. Pertenecía a Leonard Lauder heredero de Estée Lauder y filántropo ligado al Museo Whitney fallecido en junio. Su colección, puesta a la venta en 24 lotes con una estimación total de 379 millones, terminó recaudando 528 millones de dólares, una cifra que confirma el peso simbólico y económico del conjunto.
Hasta ahora, el récord de Klimt había sido “Dama con abanico”, vendido en 2023 por 108,8 millones. El nuevo registro duplica aquel valor y reposiciona al artista austríaco en un mercado que, en los últimos años, ha visto cómo las obras icónicas se revalorizan mientras el interés por piezas menores se enfría.
Más señales de un mercado en movimiento
La subasta continuó con resultados inesperadamente altos. Jean-Michel Basquiat superó su estimación máxima al vender “Crowns (Net Peso)” por 48,4 millones. Una obra de Yves Klein, compuesta por esponjas azules, llegó a 19 millones. Klimt volvió a imponerse con “Prado en flor” (86 millones) y “Ladera forestal en Unterach” (70,8 millones).
Los bronces de Henri Matisse duplicaron las previsiones iniciales y sumaron 49 millones, mientras que “Noche de verano” de Edvard Munch, adquirido por los padres de Lauder en 1976 alcanzó los 31,1 millones.
Un mercado que se reinventa
La noche dejó una conclusión clara: el mercado del arte moderno atraviesa una fase de selectividad, pero no de retracción. Las grandes obras siguen atrayendo a coleccionistas dispuestos a competir en una escala cada vez más alta. Y, al menos por una noche, Nueva York volvió a demostrar que los récords también pueden escribirse a gran velocidad.