Sebastián Marroquín, el arquitecto y escritor que nació como Juan Pablo Escobar Henao, volvió a estar en el centro de la conversación pública por algo más inesperado, su reacción ante “¡Me matan, Limón!”, la célebre canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que narra los últimos minutos de vida de Pablo Escobar. En una entrevista que realizo junto a Julio Leiva, el hijo del capo más temido de Colombia expresó su asombro ante el tema, dejando en evidencia que incluso él descubrió tardíamente el alcance del fenómeno cultural que rodeó la muerte de su padre en Argentina.
Una crónica en tres minutos y medio
La canción, incluida en el álbum Luzbelito de 1996, relata los últimos minutos del narcotraficante colombiano Pablo Escobar, protegido hasta ese momento por su guardaespaldas más fiel, Álvaro de Jesús Agudelo, apodado “Limón”. El Indio Solari, autor de la letra, construyó una crónica de una precisión asombrosa sin haber estado en Medellín aquel 2 de diciembre de 1993.
Ese día, Escobar intentó comunicarse con su familia varias veces por teléfono sin éxito. Cuando logró hablar con su hijo Juan Pablo haciéndose pasar por periodista, los equipos de rastreo del Bloque de Búsqueda ya habían triangulado la señal y determinado que provenía de Los Olivos, un pequeño barrio de casas de dos plantas con tejas en hileras del sector de Tequendama.
El Indio resume ese instante fatal con una expresión inmejorable: “Me matan, Limón”. La referencia al “Bloque de Búsqueda” “por los techos viene el bloque, otra vez” alude al operativo policial y militar que durante años persiguió al narcotraficante. El uso de palabras del argot colombiano como “hijueputas” y “padrecito”, junto a la mención de “cumbias y merengues”, termina de graficar el final de una historia cuyos hechos parecen tan inverosímiles que ni al más fantástico novelista se le hubiesen ocurrido.

La llamada que selló su destino
El detalle más escalofriante de la canción es también el más documentado históricamente. La letra habla de las dos mujeres que lo delatan y del Bloque de Búsqueda que persiguió a Escobar y a Limón por los tejados. Cuando comprobaron que lo habían matado, los efectivos se pusieron a bailar merengue. Esa imagen, aparentemente inverosímil, está contenida en el verso final: “baila y canta, mi Dios / no quiere escuchar cumbias y merengues crueles, otra vez”.
El manuscrito del Indio
Durante una exposición en la Biblioteca Nacional en 2015, el Indio Solari mostró por primera vez algunos de los manuscritos originales de sus letras. En el caso de “¡Me matan, Limón!”, pueden verse las correcciones y agregados que el propio artista realizó sobre el papel, advirtiendo que faltaban algunas palabras o frases para que la canción quedara completa. Un proceso creativo tan artesanal como brutal fue el crimen que inspiró.
El hijo, hoy
Después de la muerte de su padre en 1993, Juan Pablo Escobar Henao huyó junto a su madre y hermana, primero a Mozambique y luego a Argentina, donde finalmente se radicaron. Eligió el nombre Sebastián Marroquín de la guía telefónica, al necesitar una nueva identidad. Hoy, con una vida reconstruida como arquitecto, conferencista y escritor, Marroquín busca transformar su historia en un testimonio que aporte memoria y reflexión, con el perdón como proceso de sanación.
Que el hombre que vivió esa historia de primera mano se encuentre hoy, décadas después, descubriendo que una banda de rock argentina inmortalizó la muerte de su padre con más precisión que muchos documentales, dice mucho sobre la capacidad del arte para atravesar fronteras, idiomas e incluso el dolor más íntimo.