Durante más de dos décadas, Gorillaz convirtió al videoclip en algo más que una pieza promocional. Cada lanzamiento del proyecto británico suele expandir un universo visual propio, donde la música convive con personajes animados y pequeñas historias. Su producción más reciente mantiene esa tradición, aunque con una decisión técnica que marca un cambio respecto a trabajos anteriores.
El proyecto se titula “The Mountain, The Moon Cave and The Sad God”, un cortometraje animado de unos ocho minutos que acompaña el nuevo álbum del grupo. La pieza fue dirigida por Jamie Hewlett, cofundador de Gorillaz junto al músico Damon Albarn, y realizada en colaboración con el estudio de animación The Line.
La diferencia aparece en la forma en que fue producido. En lugar de apoyarse en animación digital tridimensional un recurso habitual en la industria el equipo decidió volver a la animación tradicional, trabajando fotograma por fotograma con técnicas inspiradas en el sistema clásico CEL, utilizado durante décadas por los estudios de animación.
La decisión implicó apagar parte del proceso digital para recuperar el trazo manual. Los realizadores buscaron un estilo cercano al de las películas animadas de los años sesenta, con líneas de lápiz visibles y un acabado menos pulido. El resultado remite a la estética de producciones clásicas de Disney, como El libro de la selva, donde el dibujo mantiene una textura orgánica.
Los paisajes que aparecen en el cortometraje tampoco fueron generados por computadora. Muchos de ellos se realizaron mediante matte painting sobre soportes físicos, una técnica tradicional que consiste en pintar fondos detallados que luego se integran en la animación. Montañas, cavernas y escenarios inspirados en la India fueron elaborados como pinturas reales antes de incorporarse al montaje final.
Ese vínculo con el territorio también aparece en la música. Durante el proceso creativo del álbum, Damon Albarn viajó a la India para grabar con músicos locales, incorporando instrumentos tradicionales como el sitar. La experiencia del viaje terminó trasladándose al lenguaje visual del film, que muestra a los personajes recorriendo paisajes amplios y solitarios.
En la historia, los integrantes animados de Gorillaz aparecen caminando por montañas y cuevas, en escenas donde el movimiento es lento y deliberado. Más que una aventura clásica, la narrativa enfatiza la sensación de fragilidad frente a la naturaleza, con personajes que parecen pequeños ante la escala del entorno.
La producción llevó alrededor de 18 meses de trabajo, en un proceso que combinó ilustración manual, pintura tradicional y tratamiento digital posterior para integrar las imágenes.
En un momento en que gran parte de la industria audiovisual experimenta con herramientas automatizadas y producción acelerada, el nuevo film de Gorillaz se ubica en la dirección opuesta. La pieza apuesta por técnicas manuales, texturas visibles y un ritmo visual más cercano al cine de animación clásico que al videoclip contemporáneo.
El resultado es una minipelícula donde música, ilustración y paisaje funcionan como una sola narrativa. Una decisión que mantiene intacta la idea original del proyecto: contar historias a través de imágenes dibujadas, incluso en un contexto dominado por tecnologías cada vez más automatizadas.