Bajo el resplandor de las pirámides y con un espectáculo que fusionó historia y modernidad, Egipto inauguró el sábado 1° de noviembre el Gran Museo Egipcio (GEM), considerado el proyecto cultural más ambicioso de su historia reciente. La ceremonia, celebrada en la explanada de Giza, reunió a 39 jefes de Estado, entre ellos el rey Felipe VI de España y marcó el final de un proceso de construcción que se extendió durante más de veinte años.
El evento fue un despliegue de precisión técnica y simbolismo, luces láser, drones, una orquesta sinfónica y coreografías inspiradas en frescos antiguos recrearon escenas de la vida faraónica ante miles de espectadores. En el cielo nocturno, los drones formaron la palabra “Paz”, seguida por la silueta luminosa de un sarcófago, como mensaje de bienvenida a una nueva era cultural para el país.
“Estamos escribiendo un nuevo capítulo de la historia, en nombre de esta antigua patria”, declaró el presidente Abdel Fatah al Sisi, quien definió al museo como “el mayor del mundo dedicado a una sola civilización”.
Una obra de dos décadas y mil millones de dólares
Concebido a fines de los años 90 y financiado parcialmente por Japón, el Gran Museo Egipcio es el resultado de una inversión superior a los mil millones de dólares. Su desarrollo atravesó crisis económicas, la revolución de 2011 y sucesivos cambios de gobierno que demoraron su finalización.
El edificio, una imponente estructura de piedra y cristal con vistas directas a las pirámides, abarca 24.000 metros cuadrados de galerías y alberga más de 100.000 piezas arqueológicas. La joya del museo es la colección completa del tesoro de Tutankamón, con cerca de 5.000 objetos funerarios reunidos por primera vez desde su descubrimiento en 1922 en el Valle de los Reyes.
Entre las piezas más esperadas figura la estatua colosal de Ramsés II, de once metros de altura y 83 toneladas de granito, instalada en el atrio principal como guardián simbólico del museo. A través de ventanales interiores, los visitantes podrán observar los laboratorios donde se restauran tesoros, como una barca solar de 4.500 años, hallada cerca de la pirámide de Keops.
El diálogo entre pasado y futuro
La inauguración combinó una narrativa nacionalista y un mensaje de modernidad global. El espectáculo de apertura, una coreografía de luces, drones y fuegos artificiales, subrayó la intención del gobierno egipcio de proyectar al país como puente entre la herencia faraónica y la innovación tecnológica.
El presidente Al Sisi destacó que el museo es “un testimonio del ingenio humano y de la continuidad de la historia egipcia”, mientras que las autoridades culturales lo definieron como un nuevo polo de identidad nacional y motor económico.
El ministro de Turismo, Sherif Fathi, anticipó que el museo podría triplicar el flujo de visitantes, pasando de 5.000 a 15.000 personas por día. Según sus estimaciones, el proyecto podría atraer cinco millones de turistas adicionales por año, impulsando una industria golpeada por años de inestabilidad política y la pandemia.
Más allá de las vitrinas
El Gran Museo Egipcio no solo aspira a conservar el pasado, sino también a redefinir el futuro del turismo cultural. Su apertura se inscribe dentro de un plan urbanístico mayor que abarca desde el nuevo Aeropuerto Internacional Esfinge hasta las pirámides de Saqqara, con la construcción de hoteles, restaurantes y centros comerciales.
Egipto apuesta a que el museo, erigido en el umbral del desierto y a la sombra de las pirámides, se convierta en símbolo de una nación que mira al mundo con la misma ambición con la que sus faraones levantaron monumentos eternos.