Lejos de conflictos mediáticos o versiones cruzadas, la separación entre Repetto y Raggi se dio en un clima de respeto. Nada de terceros en discordia ni episodios explosivos: lo que hubo fue desgaste.
“Hay momentos en que no vale la pena remar”, lanzó el conductor, con una frase que resume una decisión profunda. No fue un impulso ni algo repentino, sino el resultado de un proceso largo, silencioso y emocional.
Según contó Repetto, el inicio del distanciamiento se remonta a los tiempos de pandemia. Como le pasó a muchas parejas, el cambio abrupto en las rutinas y la convivencia intensificada dejó al descubierto tensiones que antes pasaban desapercibidas.

- Lo cotidiano empezó a pesar más
- Las diferencias se hicieron más visibles
- La conexión emocional comenzó a debilitarse
- Lo que antes fluía, dejó de hacerlo. Y con el tiempo, esa distancia interna se volvió imposible de ignorar.
Del dolor a la creación
Fiel a su estilo introspectivo, Repetto canalizó este momento personal a través de la música. De hecho, reconoció que una de sus canciones nació directamente de esta experiencia, transformando la separación en una forma de expresión artística.
La pareja se conoció en 1995, en un estudio de televisión. Desde entonces, construyeron una relación sólida, lejos del escándalo y con bajo perfil. Tuvieron dos hijos, compartieron proyectos y atravesaron distintas etapas sin perder esa imagen de estabilidad que los caracterizaba.
Por eso, la ruptura sorprendió: no había señales públicas de crisis. Pero, como suele pasar, lo importante ocurría puertas adentro.
Cuando soltar también es una forma de cuidar
Sin dramatizar, sin culpas y sin ruido, ambos eligieron cerrar una etapa. La decisión, según dejó entrever Repetto, tuvo más que ver con aceptar una realidad que con forzar algo que ya no funcionaba.
A veces, el amor no se rompe: se transforma. Y en ese cambio, también puede aparecer la necesidad de dejar ir.
Porque como él mismo resumió, hay momentos para insistir… y otros en los que simplemente no vale la pena remar.