Aliados inesperados contra la ansiedad

Ver películas de Studio Ghibli nos hace más felices. La ciencia lo avala

Un nuevo estudio académico sugiere que la obra de Hayao Miyazaki y los mundos fantásticos del estudio japonés pueden mejorar nuestra calidad de vida.

Por Javier Corbalán

Mi vecino totoro — (Studio Ghibli)

Durante décadas, millones de espectadores encontraron en las películas de Studio Ghibli un refugio emocional, paisajes donde el tiempo parece detenerse, personajes que aprenden a convivir con la vulnerabilidad y una estética que convierte lo cotidiano en extraordinario. Esa sensación, sin embargo, ya no pertenece sólo al terreno de lo subjetivo. Ahora, la ciencia empieza a explicarla.

Mi vecino totoro (Studio Ghibli)

Un estudio realizado por investigadores del Imperial College London, la Universidad Kyushu Sangyo y la Georgia State University analizó cómo las películas del estudio japonés influyen en el bienestar de los jóvenes. Sus conclusiones señalan que títulos como Mi vecino Totoro o Kiki, la aprendiz de bruja no solo reconfortan: también pueden ayudarnos a manejar mejor el estrés y la ansiedad en la vida diaria.

Un laboratorio emocional en clave Ghibli

El estudio, publicado en JMIR Serious Games, observó a 518 estudiantes de posgrado expuestos a dos tipos de experiencias: películas de Studio Ghibli y videojuegos de mundo abierto, entre ellos The Legend of Zelda: Breath of the Wild. La premisa era sencilla: explorar si la nostalgia, la exploración libre y la sensación de propósito que aparecen en estas obras impactan en la salud mental.

“La gente joven se siente cada vez más ansiosa y triste”, explicaron los investigadores. “Interactuar con obras de arte y entretenimiento puede ser más que un pasatiempo”. 

Aunque reconocen que aún no está cuantificada la dimensión exacta del impacto, sí encontraron una tendencia clara: estos contenidos generan efectos positivos y sostenidos en el estado de ánimo.

Nostalgia, propósito y esa calma que solo da Totoro

Las películas seleccionadas Totoro y  Kiki, la aprendiz de bruja, representan algunos de los relatos más luminosos del estudio fundado por Hayao Miyazaki. Sus escenas de naturaleza expansiva, sus silencios calculados y su narrativa sin antagonistas tradicionales funcionan como un espacio seguro para el espectador.

 Kiki, la aprendiz de bruja

El experimento buscaba activar tres sensaciones:

  1. Exploración, a través de mundos abiertos y detallados.
  2. Relajación, promovida por relatos pausados y visuales suaves.
  3. Propósito, una cualidad central en los protagonistas de Ghibli, que avanzan incluso en momentos de pérdida o incertidumbre.

Combinadas, estas experiencias alimentan un tipo de nostalgia que los investigadores identifican como un factor protector para la salud mental: una emoción que no solo mira hacia atrás, sino que ayuda a ordenar el presente.

El castillo ambulante de Howl

El aporte singular de Ghibli: un “escapismo activo”

Las conclusiones del estudio describen las obras de Miyazaki como una forma de “escapismo activo”: un descanso que no anestesia, sino que devuelve energía física y mental. Esa cualidad se manifiesta en pequeños gestos, la determinación de Kiki cuando pierde su habilidad de volar, la lealtad entre Satsuki y la pequeña Mei, o la calma con la que Chihiro aprende a moverse en un mundo desconocido y deja al espectador preguntas sobre su propia vida.

La narrativa de Ghibli, afirman los autores, funciona como una receta holística: invita a encontrar lo extraordinario en lo cotidiano, refuerza la importancia de la comunidad y plantea que los desafíos personales pueden ser caminos de crecimiento.

Una razón científica para volver a Ghibli

Que Ponyo nos arranque una sonrisa o que el castillo ambulante de Howl nos devuelva la sensación de asombro ya no es solo una impresión compartida entre fans. Para la ciencia, ese bienestar existe y tiene efectos concretos.

Así que si la próxima vez decidís volver a ver Totoro o Kiki, la aprendiz de bruja hacerlo con una certeza nueva, no es escapismo, es en parte, cuidado personal.