El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, quedó en el centro de una fuerte polémica tras la difusión de imágenes de su fiesta de cumpleaños número 50, un evento que generó indignación tanto dentro como fuera del país por su contenido y simbología.
La celebración, de la que participaron altos mandos policiales, funcionarios del sistema penitenciario y referentes de la ultraderecha israelí, tuvo como eje una temática que muchos interpretaron como una reivindicación de la pena de muerte para palestinos, en medio del debate por medidas impulsadas desde sectores del oficialismo.
El propio Ben-Gvir compartió en sus redes sociales algunos momentos del festejo, incluyendo el regalo que le hizo su esposa, Ayala Ben-Gvir: una torta decorada con una horca dorada y la frase “A veces los sueños se hacen realidad”. Junto al video, el funcionario escribió: “Gracias a todos los que participaron en mi cumpleaños. Seguiré trabajando por el pueblo de Israel y la Tierra de Israel”.

Sin embargo, la controversia escaló cuando comenzaron a circular otras imágenes del evento, entre ellas una segunda torta con la foto del ministro, símbolos armamentísticos y un mapa con la bandera de Israel que incluía territorios ocupados de Cisjordania y Gaza. Las imágenes fueron rápidamente viralizadas y desataron críticas de organizaciones de derechos humanos, dirigentes políticos y referentes internacionales.
El episodio también puso el foco en los invitados presentes en la celebración. Entre ellos se encontraba Sheffi Paz, activista conocida por su postura contra la inmigración ilegal; Mordechai David, vinculado a acciones de interrupción en actos opositores; y Idit Silman, quien ha generado controversia por declaraciones extremas sobre la población palestina.
Las críticas no tardaron en llegar desde distintos sectores, que calificaron el evento como una muestra de radicalización política y una banalización de la violencia en un contexto ya de por sí altamente sensible. Desde la oposición israelí hasta organismos internacionales, coincidieron en señalar que este tipo de expresiones profundizan la polarización y tensan aún más el escenario en Medio Oriente.

El episodio vuelve a colocar bajo escrutinio a una de las figuras más controvertidas del gabinete de Benjamin Netanyahu, en un momento donde las decisiones políticas y los discursos públicos son observados con especial atención por su impacto regional e internacional.