La crisis humanitaria provocada por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio continúa profundizándose. Mientras los equipos de rescate siguen buscando sobrevivientes entre los escombros, organismos internacionales advirtieron que el colapso sanitario, la falta de alimentos y agua potable y el creciente riesgo de enfermedades complican cada vez más la situación en las zonas devastadas.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó que el número de fallecidos ascendió a 1.943, mientras que 10.571 personas resultaron heridas, 15.866 permanecen damnificadas y 22.619 reciben atención médica en distintos centros de salud.

Además, la plataforma Desaparecidos Terremoto Venezuela mantiene registradas 42.655 personas sin contacto, una cifra que refleja la magnitud de la tragedia. Sin embargo, organismos internacionales consideran que el número real de víctimas podría ser considerablemente mayor.
Desde las Naciones Unidas, el coordinador residente en Venezuela, Gianluca Rampolla, reveló que el organismo está adquiriendo 10.000 bolsas para cadáveres, una estimación que alimentó la preocupación sobre la dimensión del desastre.
La OMS alerta por posibles epidemias
A medida que avanzan los días, el principal temor ya no es únicamente encontrar sobrevivientes, sino evitar una nueva emergencia sanitaria.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que existe un alto riesgo de brotes epidémicos debido al colapso de los hospitales, la interrupción de los servicios de agua potable y saneamiento, y el desplazamiento masivo de miles de personas.
Según explicó el vocero de la OMS, Christian Lindmeier, los hospitales funcionan muy por encima de su capacidad y enfrentan una demanda extraordinaria de pacientes con traumatismos y lesiones graves.
El organismo alertó que las actuales condiciones podrían favorecer la aparición de enfermedades prevenibles mediante vacunación, como sarampión, difteria y tos ferina, además del aumento de enfermedades transmitidas por mosquitos y agua contaminada, entre ellas dengue, zika, chikunguña, malaria y fiebre amarilla.
La situación hospitalaria también es crítica. Al menos 38 hospitales sufrieron daños por los terremotos y varios centros médicos trabajan parcialmente o se encuentran en estado crítico.
A esto se suma el colapso de las morgues, la falta de sistemas adecuados para identificar víctimas y las dificultades para registrar a las personas desaparecidas.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) también lanzó una fuerte advertencia sobre el deterioro de las condiciones de vida en las zonas afectadas.
En el estado de La Guaira, el más castigado por los sismos, la escasez de alimentos es generalizada, los servicios básicos permanecen interrumpidos y las comunicaciones siguen prácticamente colapsadas.
El organismo señaló que las dificultades para acceder a la ayuda humanitaria comienzan a generar tensiones entre los propios habitantes.
Las evaluaciones realizadas por ACNUR muestran un panorama alarmante: el 75% de las comunidades consultadas reportó personas heridas, mientras que más de la mitad confirmó fallecidos.
Además, casi cuatro de cada diez damnificados sobreviven en calles, plazas o refugios improvisados, mientras que otros permanecen alojados en casas de familiares o vecinos.

Las personas mayores, quienes tienen alguna discapacidad y los menores separados de sus familias aparecen entre los grupos más vulnerables en medio de una crisis que continúa agravándose.
Mientras la asistencia internacional intenta llegar a las zonas más afectadas, las tareas de rescate siguen contrarreloj. Equipos de distintos países continúan removiendo escombros en busca de sobrevivientes, aunque el paso de los días reduce las posibilidades de encontrar personas con vida.
En paralelo, la emergencia humanitaria comienza a desplazarse del rescate hacia la supervivencia de miles de familias que hoy carecen de agua potable, alimentos, atención médica y condiciones mínimas de higiene, un escenario que preocupa cada vez más a la comunidad internacional.