La natalidad global atraviesa una caída histórica que inquieta a gobiernos y organismos internacionales. La fecundidad mundial pasó de cinco hijos por mujer en 1950 a 2,2 en 2025.
Aunque esta crisis suele atribuirse a un menor deseo de tener hijos, el Fondo de Población de la ONU (UNFPA) señala que el verdadero problema radica en las barreras económicas y sociales que impiden a millones de personas formar las familias que desean.
Diferentes instituciones y organizaciones como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) alertan que cada vez nacen menos niños y niñas a nivel global.
Esto se determina a partir de las tasas de fecundidad, es decir, la cantidad de hijos que una mujer promedio tendrá a lo largo de su vida; una cifra que, con el paso del tiempo, se ha reducido de manera significativa.
Entidades que registran estos índices, como Naciones Unidas y Statista, señalan que la fecundidad mundial ha caído, pasando de cinco hijos por mujer en 1950 a 2,2 en 2025, según las proyecciones de estas organizaciones.
Una tendencia a la baja que se ha consolidado desde comienzos de este siglo. Europa, por ejemplo, inició este periodo con la tasa más baja: 1,41, una cifra que se mantiene hasta hoy.
En cuanto a América del Norte, el índice pasó de 1,98 a 1,59, mientras que, en el mismo periodo, la tasa en Asia cayó de 2,58 en el año 2000 a 1,87 en la actualidad.
No obstante, en América Latina y el Caribe el descenso fue de 2,61 a 1,78, mientras que en África —aunque la región sigue teniendo la tasa más alta— también se registró una reducción importante: pasó de 5,2 a inicios de siglo a 3,95.
Por último, Oceanía registra hoy una tasa de 2,13, por debajo del 2,45 de hace 25 años.
Todos estos datos han alarmado a los diferentes Gobiernos alrededor del mundo y a las autoridades competentes, principalmente por el temor de que la población global se encamine a ser una más envejecida y sin jóvenes para sostener sus economías.
Socialmente, existen múltiples hipótesis que apuntan a que las nuevas generaciones tienen un rechazo preconcebido a la maternidad y a la paternidad, o que evitan decisiones como el matrimonio o la crianza. Pero, ¿es esto cierto?
Las personas no tienen los hijos que quieren
El Estado de la Población Mundial 2025 del UNFPA muestra que una de cada cinco personas a nivel global piensa que alcanzar el número de hijos e hijas deseados sería “imposible”, con base en múltiples investigaciones académicas y encuestas en por lo menos 14 países.
“Un gran número de personas no pueden formar las familias que quieren”, asegura la directora ejecutiva del Fondo de Población, Natalia Kanem.
Esto, explica, principalmente por las limitaciones financieras, la inseguridad laboral, el costo de la vivienda, las inquietudes sobre el estado del mundo y la falta de una pareja adecuada.
Entonces, este organismo considera que no se trata de “una falta de deseo”, sino un conjunto de barreras que limitan las opciones. “Esa es la verdadera crisis de fecundidad”, explica Kanem”.
Adicionalmente, las personas encuestadas sostienen que las condiciones sociales dificultan sus planes familiares: Una de cada cinco informó haber sido presionada para tener hijos cuando no querían, mientras que el 11% de la población evaluada indicó que las desigualdades en el reparto de las tareas del cuidado dificultan su capacidad para planificar una familia.
En ese sentido, Susana Sotolli, directora regional de la UNFPA, sostiene que “en realidad la verdadera crisis está en la brecha entre los deseos reproductivos de las personas y la realidad”.
Descenso de los embarazos de adolescentes
De acuerdo al Estado de Población Mundial 2025, el descenso de la fecundidad global en los últimos años se asocia al retraso del primer parto de las adolescentes y las jóvenes de 15 a 24 años gracias a políticas públicas, una “victoria en el sentido de una tendencia decreciente con calificaciones muy importantes: el descenso es sostenido pero muy lento”, subraya Stolli.
La entrevistada aclara que en contextos de población indígena y afrodescendiente, a raíz de normas sociales, todavía se condena a “chicas entre 15 y 19 años, y aún más, a chicas menores de 14 años, a embarazos y maternidades tempranas” que truncan su proceso de vida.
“Esta situación reproduce unas ciertas desigualdades de género que influye en las decisiones de las mujeres para formar una familia”, añade.
La ineficacia de las políticas públicas
La caída de la natalidad a nivel global genera preocupación en Gobiernos de todo el mundo, que han intentado responder mediante políticas públicas como las bonificaciones por nacimiento —pagos únicos en efectivo otorgados tras el nacimiento de un bebé— con el objetivo de incentivar que más personas tengan hijos.
Sin embargo, la mayoría de estas medidas resultan “ineficientes y ofrecen un apoyo escaso”, según el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).
“De hecho, la historia demuestra que los esfuerzos por controlar las tasas de fecundidad pueden conducir, y de hecho conducen, a la coacción y a la violación de los derechos humanos; además, las personas suelen actuar para reafirmar su autonomía reproductiva”, señala el UNFPA.
Caída de la Natalidad en Argentina
La tasa de fecundidad en Argentina experimenta un descenso pronunciado desde 2014, situándose muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional. Este fenómeno, que afecta a todas las provincias, plantea interrogantes sobre el futuro demográfico y económico del país.
En 2023, se registraron 460.902 nacimientos, la cifra más baja en los últimos 70 años. La Patagonia es una de las regiones más afectadas por este declive, no así el norte, ni Salta dieron muestras preocupantes aún, aunque con la tendencia a la baja de todos modos.
Entre 2014 y 2023, Tierra del Fuego, Santa Cruz y Chubut lideraron la caída en la tasa de fecundidad. En Tierra del Fuego y Santa Cruz, la tasa es de 1 hijo por mujer, mientras que en Chubut y en la Ciudad de Buenos Aires, es de 1,1.
A nivel nacional, el promedio de hijos por mujer cayó un 43% desde 2014, lo que significa 316.000 nacimientos menos en comparación con esa fecha.
Factores que Influyen en el Descenso de la Natalidad
El descenso de la natalidad comenzó a ser evidente a partir de 2014, aunque políticas anteriores influyeron en esta tendencia:
- 2012: Fallo judicial que introduce el concepto de aborto como derecho.
- 2013: Incorporación de anticonceptivos de larga duración (como el implante subdérmico y el SIU) a la canasta de anticonceptivos gratuitos.
- 2018: Debate sobre el aborto, impulsado por Mauricio Macri, que contribuyó a la difusión y normalización del tema.
- 2019: Aprobación de un nuevo protocolo de aborto no punible que permitía esta práctica con una simple declaración jurada de la mujer.
Aunque la pandemia de Covid-19 frenó momentáneamente la caída de la natalidad, debido a la menor disponibilidad de anticonceptivos durante el confinamiento, la tendencia continúa.
Consecuencias y Desafíos para el Futuro
Especialistas advierten sobre las implicaciones del descenso de la natalidad para el sistema previsional y la sostenibilidad del Estado.
El abogado previsional Cristian D’Alessandro señala: “Hoy tenemos una clara baja de la natalidad y un aumento de la expectativa de vida... No se está pensando en lo que va a venir para las futuras generaciones. Hoy el sistema se sostiene por 1.3 trabajadores activos por un pasivo. Si hay menos recambio generacional en el mercado de trabajo, eso va a provocar que va a haber muchas más personas mayores de 60 años para ser asistidas que los actuales y futuros aportantes al sistema”.
Manuel Mera, director de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), explica que la reducción en la cantidad de hijos responde a un cambio cultural en la asignación de recursos: “Criar hijos no solo es caro en términos monetarios, sino también en términos de tiempo. Cada vez más personas prefieren tener menos hijos para poder dedicarles más recursos y tiempo de calidad”.
Mera también vincula este fenómeno con el envejecimiento poblacional. “En los años 90, la esperanza de vida en Argentina era de 72 años; hoy es de 77, y para fines del siglo se espera que supere los 80. Esto genera sociedades mucho más envejecidas y trastoca muchos aspectos, desde la educación hasta el sistema previsional”.
Se destaca la necesidad de reformar el sistema previsional argentino, que actualmente exige 30 años de aportes para acceder a la jubilación. CIPPEC propone garantizar un mínimo de cobertura, complementado con un esquema proporcional que premie los años efectivamente aportados.
Mera subraya la importancia de implementar políticas que faciliten la decisión de tener hijos, con énfasis en el acceso al cuidado infantil y la equidad en la distribución de responsabilidades dentro del hogar. “Es clave fortalecer las licencias de paternidad, que hoy en Argentina son de apenas dos días por ley. Balancear los cuidados entre hombres y mujeres permitiría mejorar la compatibilidad entre la vida laboral y familiar”.