Los lentes inteligentes de Meta se convirtieron en uno de los productos tecnológicos de mayor crecimiento en el mercado global, pero al mismo tiempo comenzaron a encender fuertes alertas por cuestiones vinculadas a la privacidad y el uso oculto de cámaras en espacios públicos.
Las populares Ray-Ban inteligentes impulsadas por la empresa de Mark Zuckerberg ya vendieron millones de unidades y concentran gran parte del mercado de gafas con inteligencia artificial. Sin embargo, cada vez son más frecuentes las denuncias de personas que descubren haber sido grabadas sin consentimiento.
La principal preocupación gira en torno a la discreta cámara incorporada en la montura, casi imperceptible para quienes rodean al usuario. Con apenas un toque en el marco, los lentes pueden comenzar a grabar videos o sacar fotografías prácticamente sin que nadie lo note.

En redes sociales ya circulan numerosos videos grabados en secreto en playas, comercios, transporte público y hasta situaciones íntimas o incómodas, muchas veces usados para bromas virales o contenidos que terminan exponiendo a terceros sin autorización.
Especialistas en privacidad advierten que el problema podría profundizarse a medida que más empresas tecnológicas lancen productos similares. Incluso trascendió que Meta trabaja en futuras versiones con reconocimiento facial integrado, lo que permitiría identificar personas automáticamente mientras son grabadas.
En ese contexto, comienzan a aparecer reacciones sociales cada vez más fuertes frente a quienes usan este tipo de dispositivos en espacios públicos.
Algunos expertos ya recomiendan mantener precaución cuando alguien utiliza lentes inteligentes durante una conversación o interacción cotidiana, especialmente porque muchas personas no advierten que podrían estar siendo filmadas.

La polémica también se trasladó a internet luego de que usuarios compartieran situaciones donde personas confrontaron directamente a quienes llevaban puestos los lentes de Meta, sospechando que estaban grabando sin consentimiento.
“Una tecnología como esta constituye, en esencia, una invasión de la privacidad”, advirtió David Harris, exinvestigador de inteligencia artificial de Meta y actual asesor en políticas tecnológicas en Estados Unidos y Europa.
El debate reabre además una discusión que ya había surgido hace más de una década con el fracaso de las Google Glass, el intento inicial de Google por instalar gafas inteligentes en la vida cotidiana. En aquel momento, el rechazo social y las preocupaciones por la privacidad terminaron hundiendo el proyecto.

Ahora, con cámaras mucho más discretas, inteligencia artificial integrada y ventas récord, el escenario parece volver con más fuerza. Y mientras las compañías defienden el uso “responsable” de la tecnología, crece la advertencia sobre posibles conflictos, confrontaciones e incluso agresiones cuando las personas sospechan que están siendo grabadas sin saberlo.