“L o u v r e”. Así, sin mayúsculas ni símbolos. Esa era la contraseña del sistema de videovigilancia del edificio más vigilado de Francia. Lo reveló el diario Libération luego del espectacular robo del 19 de octubre, cuando un grupo de ladrones se llevó joyas históricas valuadas en más de 100 millones de dólares.
El hallazgo, que podría parecer un chiste, fue confirmado por la Agencia Nacional de Seguridad de la Información (ANSSI). Las auditorías informáticas advertían desde 2014 que el sistema de cámaras y servidores del museo usaba claves predecibles y software obsoleto. Incluso se señaló que el programa Sathi, encargado de la red de videovigilancia, no recibía actualizaciones desde hacía años. El insólito hecho provocó cientos de críticas en internet.
El Tribunal de Cuentas francés publicó esta semana un informe lapidario sobre la gestión del museo. Señala que la dirección del Louvre priorizó adquisiciones y remodelaciones “de alto impacto mediático” por sobre la seguridad. Mientras el museo invirtió más de 120 millones de dólares en nuevas obras de arte entre 2018 y 2024, las mejoras de seguridad recomendadas hace una década todavía no se completaron.
El robo, ejecutado a plena luz del día, duró menos de diez minutos. Los ladrones utilizaron una grúa para ingresar por una ventana lateral y sustrajeron nueve piezas de valor incalculable. Según la fiscal parisina Laure Beccuau, los acusados “no son criminales sofisticados”, sino trabajadores del norte de París, por lo cual se confirmó que no se necesitó ser un hacker para burlar al museo más emblemático del mundo.

Pierre Moscovici, presidente del Tribunal de Cuentas, calificó el episodio como “una señal de alarma enorme” y advirtió que la gestión interna del Louvre “sigue siendo insuficiente para una institución de semejante envergadura”. La ministra de Cultura, Rachida Dati, debió reconocer ante el Senado que el robo fue “un fracaso evidente” del sistema de seguridad.
El caso volvió a poner en agenda la necesidad de revisar los protocolos de seguridad en los grandes museos del mundo. En el Louvre, las autoridades confirmaron una investigación interna y el refuerzo de los sistemas de control tras la filtración de códigos y accesos.