Miles de personas volvieron a movilizarse en Albania para rechazar dos ambiciosos desarrollos turísticos vinculados a la familia del presidente estadounidense Donald Trump. La protesta, que ya se extiende por varios días consecutivos, pone en el centro de la escena una discusión que atraviesa a numerosos países: el choque entre las inversiones multimillonarias, la protección ambiental y los intereses políticos.
Las manifestaciones se concentraron principalmente en Tirana, la capital albanesa, donde miles de ciudadanos marcharon bajo consignas como "Albania no está en venta" y "Ivanka, vete a casa". El reclamo apunta contra dos proyectos turísticos promovidos por Jared Kushner, esposo de Ivanka Trump y exasesor de la Casa Blanca durante la presidencia de Donald Trump.
Los emprendimientos contemplan la construcción de exclusivos complejos turísticos en dos de las zonas más sensibles y codiciadas de la costa albanesa: los humedales protegidos de Vjosa-Narta, cerca de Zvernec, y la isla de Sazan, un enclave estratégico que durante décadas albergó instalaciones militares durante el régimen comunista.
La inversión prevista es gigantesca. Solo el proyecto de la isla de Sazan está valuado en aproximadamente 1.400 millones de euros, mientras que el complejo turístico proyectado para Zvernec superaría los 4.000 millones de euros. Ambos desarrollos forman parte de la estrategia de expansión internacional de Affinity Partners, el fondo de inversión con sede en Miami liderado por Kushner.
Según trascendió, Ivanka Trump visitó personalmente las zonas donde se proyectan las obras y mantuvo reuniones con autoridades albanesas. Imágenes difundidas por medios locales la mostraron junto al primer ministro Edi Rama durante una visita oficial y encuentros de trabajo relacionados con la inversión.
Sin embargo, el proyecto despertó una fuerte resistencia social y ambiental. Organizaciones ecologistas denuncian que la construcción afectará cientos de hectáreas de ecosistemas protegidos, alterando de manera irreversible una de las áreas naturales mejor conservadas del Adriático.
"Estamos hablando de una ciudad turística con unas 10.000 habitaciones que destruiría completamente una región salvaje y única", advirtió Joni Vorpsi, integrante de la organización ambiental PPNEA-BirdLife Albania.
Los grupos ambientalistas exigen la paralización inmediata de las obras y la retirada de la maquinaria pesada que ya comenzó a operar en algunos sectores. Según denuncian, durante mayo se iniciaron trabajos de apertura de caminos, desmontes e instalación de cercos en zonas consideradas de alto valor ecológico.
La tensión aumentó el fin de semana pasado cuando manifestantes intentaron acceder a una playa cercada con alambre de púas en Zvernec y se produjeron enfrentamientos con personal de seguridad privada. El incidente dejó varios heridos y provocó incluso la intervención diplomática de Grecia, luego de que uno de los afectados poseyera ciudadanía griega y albanesa.
Mientras tanto, el gobierno de Edi Rama mantiene una postura firme a favor del proyecto. El primer ministro, que gobierna Albania desde 2013 y fue reelegido para un cuarto mandato, considera que estas inversiones son fundamentales para consolidar el crecimiento económico del país y fortalecer su camino hacia la integración plena en la Unión Europea.
"No hay absolutamente ninguna posibilidad de que esta inversión se detenga mientras yo esté aquí", declaró Rama en una conferencia de prensa. El mandatario sostuvo además que Albania debe continuar siendo un destino atractivo para los inversores internacionales y rechazó cualquier intento de desalentar proyectos de esta magnitud.
Los promotores de las obras también rechazan las acusaciones ambientales. Asher Abehsera, presidente de la empresa Sazan Real Estate Development LLC, aseguró que los desarrollos serán ejecutados bajo criterios de sostenibilidad, respeto por el entorno natural y generación de empleo para las comunidades locales.
No obstante, las dudas persisten. La Fiscalía Especial Anticorrupción de Albania abrió una investigación para analizar las transferencias de tierras y los títulos de propiedad que permitieron avanzar con parte de los proyectos, especialmente en la zona de Zvernec.
La controversia adquiere una dimensión internacional por la participación directa de la familia Trump. Aunque Donald Trump no figura formalmente en las inversiones, la presencia de su hija Ivanka y de Jared Kushner convierte el caso en un asunto de alto perfil político y mediático.
Paradójicamente, Kushner ya había enfrentado una situación similar en Serbia. En 2024 anunció un megaproyecto inmobiliario en Belgrado que finalmente debió abandonar tras fuertes protestas ciudadanas.
El conflicto en Albania refleja una discusión cada vez más frecuente en distintas partes del mundo: hasta dónde deben llegar los proyectos turísticos y las inversiones privadas cuando entran en tensión con la preservación ambiental y el patrimonio natural. Mientras el gobierno defiende las obras como una oportunidad histórica de desarrollo económico, miles de ciudadanos temen que el precio a pagar sea demasiado alto y que uno de los últimos paraísos vírgenes del Adriático termine transformado para siempre.