La historia comenzó con una llamada, un susurro de voz familiar al otro lado de la línea. Una mujer, confiada, atendió el teléfono sin sospechar que al otro lado no estaba su hija, sino un eco distorsionado de engaño.
La voz impostora tejió una trama de urgencias bancarias y dólares a punto de vencer, una sutil presión que la convenció de reunir sus ahorros, el fruto de años de esfuerzo, para entregarlos a un desconocido. Así comenzó el calvario de una estafa que resonaría en los pasillos de la Unidad de Delitos Económicos Complejos (UDEC) en Salta.
La denuncia fue el primer hilo del que tiraron los investigadores. La Unidad de Investigación UDEC del CIF, tras analizar horas de grabaciones de seguridad, como si fueran fotogramas de una película, y rastrear las comunicaciones telefónicas, logró desentrañar la madeja hasta identificar a los sospechosos, ubicados a cientos de kilómetros de distancia, en la provincia de Jujuy.
La imputación y la audiencia
La fiscal penal interina de la UDEC, Ana Inés Salinas Odorisio,formalizó la acusación. Tres hombres se sentaron frente a ella, imputados provisionalmente por el delito de estafa.
En la sala, la tensión era palpable mientras una abogada particular los asistía, intentando descifrar el laberinto legal en el que se encontraban inmersos.
El relato de la víctima
El expediente de la UDEC se abrió el 28 de febrero, a partir del testimonio de la víctima, una mujer mayor que aún sentía el eco de la llamada fraudulenta.
Recordaba vívidamente la voz que suplantó a la de su hija, la historia del banco y los dólares a punto de expirar. La convencieron, con palabras expertas, de juntar todo el dinero que guardaba en su hogar, con la promesa de que un empleado de confianza pasaría a recogerlo.
La ansiedad y la confianza la llevaron a actuar sin dudar.
La entrega del botín
La mujer, presa del engaño, realizó dos entregas de dinero en efectivo, un total que ascendía a la alarmante suma de 37.700 dólares. En su desesperación por ayudar a su supuesta hija, incluso se dirigió a la casa de su verdadera hija, a pocos metros de la suya, para obtener una parte del dinero necesario. Un gesto de amor maternal que fue cruelmente aprovechado por los estafadores.
El rastro del automóvil
La investigación se centró en un vehículo, un Volkswagen Gol Trend rojo, captado por las cámaras de seguridad en las cercanías del domicilio de la víctima durante las horas cruciales de la estafa. El coche, como un fantasma, aparecía y desaparecía, dejando una estela de sospecha a su paso. Cada fotograma era una pieza del rompecabezas que los investigadores intentaban armar.
Reconstruyendo el trayecto
Los investigadores lograron reconstruir el recorrido del automóvil, detectado por las cámaras del sistema de monitoreo mientras circulaba por la Ruta Nacional 34 en General Güemes y luego ingresaba a la ciudad de Salta por el ex peaje Aunor, para finalmente dirigirse hacia la localidad de Vaqueros. Un viaje meticulosamente planeado para consumar el delito.
El análisis de las grabaciones reveló que el automóvil había entrado y salido repetidamente de la zona del domicilio de la denunciante durante el período en que se realizaron las entregas del dinero. Una danza macabra en torno a la casa de la víctima.
El testimonio de una vecina
Una vecina aportó un dato clave: había visto el automóvil estacionado frente a su casa y a dos hombres que descendieron del mismo, uno de los cuales hablaba por teléfono. Un detalle aparentemente insignificante, pero que confirmaba la presencia de los sospechosos en el lugar y el momento precisos.
La llamada desde Jujuy
El análisis de las comunicaciones reveló que la llamada telefónica que dio inicio a la estafa se había realizado desde un teléfono celular ubicado en la ciudad de San Salvador de Jujuy. Esta información, sumada a los registros fílmicos y otras pesquisas, finalmente orientó la investigación hacia los imputados. El cerco se cerraba sobre los estafadores.
La acusación final
Con la evidencia acumulada, la fiscal Salinas Odorisio no dudó en imputar provisionalmente a los tres hombres como coautores del delito de estafa, al considerar que habían actuado de forma coordinada con otros individuos aún no identificados para engañar a la mujer y despojarla de sus ahorros. Además, solicitó la detención de los involucrados, asegurando que rindieran cuentas ante la justicia.