El contacto cotidiano entre los presos y los funcionarios es clave

Crece el temor al contagio en el Poder Judicial de Salta luego del brote de tuberculosis y la muerte de un interno en la Alcaidía

Aunque los compañeros del interno dijeron que no lo notaron enfermo, el miedo trasciende las celdas y llegó a la Ciudad Judicial, donde hay miles de empleados, incluidos los jueces. Se esperan medidas de la Corte.

Por Federico Aspiazu

La Sala de Grandes Juicios del Poder Judicial. — MPF

La muerte de Luis Gabriel Delgado, registrada el martes pasado en medio de fuertes rumores de un brote de tuberculosis en la Alcaidía General, no demoró en ser vinculada con esa enfermedad, la cual si estaría presente en las celdas de esa unidad carcelaria, lo que constituye un grave riesgo que, reanudada la actividad judicial, preocupa a jueces y fiscales.

Sucede que, entre la Alcaidía y las salas de audiencias de la Ciudad Judicial, hay, en algunos casos, menos de 100 metros, tramo que los presos deben recorrer por los pasillos principales del edificio para llegar a destino, ya sea la oficina de algún juzgado, recinto de juicio, fiscalía o dependencias del servicio de Psicología y Medicina, entre otros.

Dado que el contagio de la tuberculosis es por vía aérea, la preocupación, y en cierta manera temor, está latente no solo en los empleados, sino también en los jueces, fiscales, defensores y otros operadores del sistema, quienes exigen que se pongan en marcha las medidas sanitarias del caso.

A propósito, este reclamo podría ser más fuerte desde hoy, cuando se reactive el movimiento de la Ciudad Judicial, el que, por lo cierto, no es menor, pues por sus pasillos pueden circular más de diez mil personas por día, máxime si se tiene en cuenta que en todo enero no hubo atención al público.

En este marco, tampoco se descarta que, desde el gremio judicial, se adopte alguna posición, entre ellas la exigencia a la Corte de Justicia de que, al menos, se adopten las medidas sanitarias mínimas, como la provisión de barbijos, entre otras para evitar cualquier contagio.

 

Se espera por estos cuidados, especialmente en las áre

as u oficinas que tienen, ya de manera directa o indirecta, contacto con los presos, quienes, si bien usan un ascensor de servicio, luego sí recorren los pasillos de los juzgados hasta la sala de audiencias, tramo en el que se cruzan con numerosos empleados, sin contar con los jueces, fiscales y otros operadores que integran el tribunal.

La situación no está en un nivel de pánico, pero sí es de alerta, sobre todo por parte de los empleados, quienes son la primera oleada de trabajo en contacto con los presos que vienen de la Alcaidía. Con la pandemia del COVID -19 aún en la retina, nadie quiere sorpresas ni mucho menos lamentaciones.

“Fumaba mucho”

Como lo informó Gente de Salta, Luis Gabriel Delgado, un interno del Pabellón B2 de la Alcaidía General, murió el martes pasado al mediodía por causas que aún se desconocen. Se espera que hoy, con la reanudación de la actividad judicial, se conozca el resultado de la autopsia y se devele si el preso padecía o no de tuberculosis.

Su muerte generó un abultado expediente interno del Servicio Penitenciario de la Provincia. En el legajo, ya se volcaron numerosos informes y otras diligencias dispuestas para esclarecer lo sucedido con Delgado, un interno de 50 años que se hallaba alojado en la celda número 7.

Alcaidía General de Salta

Según lo averiguado, Delgado fue detenido el 3 de diciembre del año pasado, en el marco de una causa penal por robo en poblado y en banda. Ese mismo día, ingresó a la Alcaidía procedente de la subcomisaría de Lola Mora y por orden del Juzgado de Garantías 2.

Sin sanciones disciplinarias internas en su registro, Delgado llevaba un mes y 25 días detenido, cuando la muerte lo sorprendió el martes pasado. Según el relato de más de 14 testigos, en su mayoría internos del pabellón B2, la mayoría de la celda 7 y otras vecinas, el interno no presentaba evidencias de estar enfermo.

Los reclusos fueron coincidentes en sostener que el martes pasado, entre las 8.30 y las 10.15, Delgado salió para el desayuno, aseo y recreación en el patio, donde se lo vio jugar a la pelota sin ningún inconveniente, tras lo cual retornó a su celda para higienizarse y esperar la hora de almuerzo, a las 12.

 (Foto: Javier Corbalán)

A  las 12.20, los guardias sirvieron la comida, ese día fue un salpicón de pollo, con sopa de fideos y flan de postre. Sin imaginarse que sería su último bocado, Delgado recibió el menú y se quedó en su celda. El guardia que le dio la bandeja tampoco evidenció algún síntoma de enfermedad.

Luego, a las 12.57 -según el reloj de la filmación de la cámara de video de ese sector- se advierte movimientos extraños en la celda 7. Eran los compañeros de Delgado, quienes hacían señas para que entren a ayudarlo, ya que se había desvanecido en el piso del calabozo, al lado de su cama.

En sus declaraciones, los internos dijeron que Delgado estaba parado, cuando alcanzó a decir que se sentía mal y cayó al piso. Los guardiacárceles llegaron yy,con ayuda de otros internos, lo colocaron en una manta y lo llevaron a la sala de primeros auxilios.

Se le practicó maniobras de resucitación (RCP), tras lo cual se lo trasladó en código rojo al hospital San Bernardo, pero cuando arribó ya no tenía signos de vida. El cuerpo, que quedó en la sala de morgue de ese centro de asistencia, fue luego retirado por personal del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF), a fin de trasladarlo a la Morgue de la Procuración General para su autopsia.

 

Los informes de las entrevistas con los internos, dirigidos al director de la Unidad Carcelaria 1, el sub prefecto Alfredo Guillermo González, revelan el mismo relato de los últimos minutos de vida de Delgado, quien no había registrado familiares, lo que complicó dar con sus parientes para informarles del deceso.

En sus declaraciones, los presos tampoco develaron evidencias de que Delgado estuviera enfermo o de que ingiriera algún medicamento. Solo algunos notaron que “fumaba mucho”, pero no fue algo que les llamara la atención, máxime en un lugar de encierro.

Esas explicaciones, por el momento, no llevaron tranquilidad a la inquietud que reina en el Poder Judicial de la provincia.