En una historia que estremece los cimientos de la confianza depositada en la figura del médico, el ginecólogo Diego Javier Clementi ha sido sentenciado a 14 años de prisión. La decisión judicial marca un hito en la lucha contra el abuso sexual dentro del ámbito profesional, dejando al descubierto una serie de actos que vulneraron la integridad de mujeres que buscaban en él cuidado y contención.
El veredicto lo declara penalmente responsable de un delito que cala hondo: abuso sexual con acceso carnal, agravado por el ultraje que significó para cada una de las víctimas.
Cinco hechos fueron tipificados bajo esta carátula, sumándose otros tres agravados en concurso real con acceso carnal, configurando un patrón de conducta alarmante y reprochable.
La pena impuesta a Clementi no implica su reclusión en un establecimiento penitenciario. En cambio, cumplirá la condena bajo la modalidad del arresto domiciliario, una medida que no escapa al control de la tecnología.
Una tobillera electrónica será su constante compañera, rastreando sus movimientos y asegurando el cumplimiento de la restricción de abandonar su hogar. Paralelamente, el Tribunal Oral en lo Criminal N°3 de Lomas de Zamora ha dictado una prohibición tajante: Clementi no podrá salir del país, impidiendo así cualquier intento de evadir la justicia.
Pero las consecuencias de sus actos no terminan ahí. La sentencia va más allá de la privación de la libertad, alcanzando el núcleo de su profesión. Diego Javier Clementi ha sido inhabilitado de por vida para ejercer la medicina, un castigo que lo despoja de la herramienta con la que perpetró sus delitos.
Además, se ha ordenado la extracción de muestras de ADN para su incorporación al Registro Nacional de Datos Genéticos vinculados a Delitos contra la Integridad Sexual (RNDG), una medida que busca prevenir futuros actos y proteger a la sociedad.
La investigación judicial reconstruyó un sombrío escenario que se desarrolló entre 2017 y 2022. Clementi, valiéndose de la confianza que depositaban en él sus pacientes, aprovechaba los momentos de vulnerabilidad durante los chequeos y pruebas médicas para abusar de ellas.

Un modus operandi que revela una mente calculadora y una falta de escrúpulos que indigna.
La persistencia del acusado en continuar ejerciendo su profesión, incluso después de las primeras denuncias, generó aún más indignación. A comienzos de este año, Claudia Perugino, abogada de varias de las víctimas, denunció públicamente que Clementi seguía atendiendo en un consultorio de la Clínica Sur Gametos, desafiando las acusaciones y revictimizando a quienes ya habían sufrido en carne propia sus abusos.

