Mientras en la causa principal que busca echar luz sobre las circunstancias de la muerte de María Griselda Olarte, un presunto femicidio ocurrido el 8 de febrero pasado en un departamento de calle Buenos Aires al 1.100, un escándalo corrió de escena el curso del caso, al menos de manera provisoria, y puso a la Policía de Salta en un rol protagónico, aunque no para bien.
Resulta que, a los días del hecho, la defensa del expolicía federal Alfredo Lara, preso en la Alcaidía Judicial acusado de asesinar a Olarte, se percató, por un lado, que no estaba alojado en el pabellón de seguridad para miembros de fuerzas de seguridad, por lo que hizo el reclamo del caso.
Lo peor, sin embargo, llegó después cuando, aparentemente, se solicitó acceder al dinero que fue secuestrado a su cliente, ya que se requería de esos fondos para el sustento de la familia. Dispuesta la medida, surgió que las sumas, tanto en pesos como en dólares, no coincidían con lo consignado en el informe preliminar que se confeccionó el 10 de febrero, dos días después del incidente en que murió Olarte, de 44 años.
Lo sucedido fue confirmado por el abogado Roberto Reyes, defensor de Lara, el que también indicó que ya se hizo la denuncia respecto, caso que ahora se haya en manos de la Fiscalía Penal 5, la que deberá echar luz sobre el posible robo del dinero del expolicía federal.
Fuentes judiciales revelaron, en tanto, que el dinero en cuestión rondaría una suma de 262 mil pesos, de los cuales ya se había extraído una cantidad de 20 mil. Además, también se registró la existencia de 400 dólares estadounidense.
Ante una nueva revisión, sin embargo, solo se habrían hallado unos pocos billetes de 100 pesos, cuando la cantidad que había quedado bajo resguardo estaba compuesta de billetes de mil pesos, mientras que de los dólares tampoco se hallaron rastros.
Con la denuncia radicada, y la investigación en curso, la policía quedó envuelta en un escándalo, no por las sumas de dinero, sino por la grave falla en la cadena de custodia, más aún en una causa de esta magnitud.
La denuncia ya puso en alerta a las distintas divisiones de la fuerza local que tuvieron participación en las tareas de criminalística del caso, ya que tuvieron acceso a los bienes secuestrados en el departamento de Lara, inmediatamente después del crimen de su pareja.
Pronto comenzarán a desfilar por la fiscalía los uniformados, investigadores y peritos a fin de explicar si tuvieron al alcance ese dinero. El presunto robo del dinero, sin dudas, es un hecho que se trata de evitar, tanto en la misma fiscalía como en las altas esfera de la policía salteña.
Una pericia psicológica
Respecto a la investigación por la muerte de Olarte, la defensa del expolicía Lara señaló que la fiscalía lleva adelante diversas pericias, entre ellas indicó una prueba importante a producirse en los próximos días. Se trata de una pericia psicológica a un familiar que estuvo presente cuando Olarte recibió tres heridas punzantes.
Cabe recordar que Lara, ante el arribo de la policía tras solicitar la atención médica para su pareja, dio una versión poco congruente con la escena que los policías advirtieron al ingresar a su departamento, donde vieron a la víctima tendida en el piso con las graves heridas, a la altura del pecho.
En su versión, Lara reconoció que todo comenzó a raíz de una fuerte disputa verbal con la víctima, lo que, a propósito, era frecuente en la pareja. Tanto que, al revisar los antecedentes de ambos, se hallaron numerosas denuncias por violencia de género, golpes y amenazas radicadas uno contra otro.
En este caso, sin embargo, la situación pareció haber salido de control, con dos versiones del hecho que no concuerdan del todo, pues el familiar que estaba en el inmueble al momento del hecho no fue tan coincidente con el relato dado por el expolicía federal.
Por esta razón, es que se requirió la pericia psicológica del testigo presencial del crimen, cuyo relato es considerado clave para determinar si la muerte de Olarte fue producto de un accionar deliberado de Lara, o bien, como consecuencia de un accionar accidental, como lo dio a entender el acusado.