El pasado sábado 6 de junio se cumplieron dos años de la muerte de Valentín Guzmán ocurrido en la escuela Nevado de Acay, de La Poma, hecho que dejó además a dos de sus compañeros con heridas de diferente consideración.
Entre el duelo inconcluso y un dolor que la desgarra, Carolina Figueroa, madre de Valentín, llegó a Salta días pasados para sumarse a la marcha de familiares de víctimas que buscan justicia y cuyas causas permanecen estancadas. Una de estas causas, es justamente la de este niño, cuya muerte se podría haber evitado si la escuela a la que concurría hubiera estado, en principio, en condiciones, o al menos señalizada en las áreas que suponían “peligro”.
Lejos de ser accidental, la tragedia aparece como evitable. La escuela presentaba múltiples falencias: problemas eléctricos, paredes deterioradas y, sobre todo, la existencia de varios pozos ciegos dentro del predio.
“Son muchas familias que marchan pidiendo justicia, pidiendo que se esclarezcan hechos, porque hay muchas causas que están estancadas, como en el caso de Valentín, que desde principio de año, lo único que tenemos es un informe preliminar que hizo el fiscal, mientras que todavía restan tomar otros testimonios”, lamentó Carolina, quien llegó hasta Salta, para sumarse a las otras familias que buscan justicia.
En entrevista exclusiva con Gente de Salta, Carolina explicó que antes del pedido de elevación a juicio, que podría ocurrir en los próximos días, se aguardaban declaraciones claves, entre ellos, empleados municipales de La Poma, quienes habrían realizado trabajos en la zona de los pozos, donde ocurrió la tragedia.
Según la mujer, la querella pudo recopilar notas de agradecimiento por parte del establecimiento a la comuna en las que se “agradecía” los servicios prestados: “Aparecen las notas de agradecimiento que llegaron al municipio, faltaban esas declaraciones, las que se suman a los supervisores, a los directores y todos los que estuvieron ahí”, sostuvo Carolina.
Consultada sobre la dilación de la causa, la mujer detalló que “faltaban algunas partes del informe preliminar y las últimas novedades las tuvimos hace como tres meses, después de eso no sabemos nada más”.
A dos años de la tragedia que se cobró la vida de su hijo, Carolina asegura sentirse acompañada por la gente en general, pero sobre todo, en las marchas donde todos empatizan con el dolor profundo del otro y con la decisión firme de no claudicar en el pedido de justicia: “Yo sé que aquí todos vivimos el mismo dolor, todos sabemos lo que es perder un hijo. Si bien son en distintas circunstancias, pero un hijo ya no lo volvemos a tener más”.
Y agregó: “Vamos a seguir firme, pidiendo justicia, pidiendo que avancen la causas. Porque queremos justicia de verdad, que esto se esclarezca, pero siempre con la verdad”.
La familia y su defensa legal rechazan la versión de que Valentín murió por paro cardiorrespiratorio a raíz de la caída. “No fue la caída, fue el aplastamiento de la tapa”, afirma su madre, quien describe entre lágrimas las lesiones compatibles con ese derrumbe dentro del pozo.
Por eso, no descartan pedir nuevas pericias o incluso una autopsia, con un objetivo claro: que se conozca la verdad completa. “Cada intento de cambiar la verdad es para alivianar las responsabilidades de los que deben velar por los niños”.
“Lo que sufrimos somos nosotros, porque no encontramos respuesta a nada”, dice Carolina.
En Salta, el caso de Valentín sigue siendo una herida abierta. No solo por lo que pasó, sino por lo que no pasó después: la respuesta del Estado, la contención, la Justicia.
Carolina cerró con una reflexión triste, dolorosa pero que significa además el grito silencioso de una madre que no baja los brazos: “Nosotros sentimos que Valentín no descansa en paz, porque está todo, no hay imputados, no hay nada hasta el momento y es lo que nosotros más queremos”.
“Ya pasaron dos años, está todo muy notable, están a la vista los responsables pero la justicia es muy lenta”, concluyó la mamá de Valentín.