El rol de Soledad Andreani, la amante de Claudio Barrelier

¿El origen del femicidio de Agostina Vega?: Una extrabajadora sexual de "Wachitas Bar", revela la trama de abusos y drogas en el local clausurado

De acuerdo con el testimonio, el bar no recibía a cualquier cliente. Los concurrentes habituales eran descritos como "personas grandes y con plata".

Por Redacción Gente de Salta

Wachitas — .

En el marco de la investigación por el femicidio de Agostina Vega, el testimonio de una extrabajadora de "Wachitas Bar" arrojó luz sobre el perturbador funcionamiento del local. En una entrevista con El Show del Lagarto, de Canal12 de Córdoba la mujer, identificada como Carla, detalló la red de explotación, venta de estupefacientes y presencia de menores de edad en el establecimiento que hoy se encuentra bajo la lupa judicial.

Carla explicó que llegó al lugar a través de una expareja sabiendo que se trataba de un espacio de trabajo sexual. Allí conoció a Soledad Andreani —una de las actuales detenidas por el crimen de Agostina—, quien manejaba el negocio y le ofreció realizar lo que denominaban "salidas".

Explotación económica y consumo de sustancias

Según la testigo, las ganancias se dividían estrictamente a la mitad con la regente: “Esto era un 50 y 50. De un servicio de 5 mil pesos en aquel momento, la mitad iba para ella y la otra mitad para la trabajadora”.

Además, describió las deplorables condiciones del bar, al que calificó como un ambiente "asqueroso" dominado por el exceso:

Venta y consumo: Afirmó que Andreani comercializaba cocaína dentro del establecimiento.

Sumisión química: Reveló una de las prácticas más graves del lugar: “Nosotras las chicas sabíamos que se les iba a poner droga en los vasos a la gente”, aseguró, explicando que se adulteraban las bebidas de los clientes sin su consentimiento.

Menores de edad y extrema vulnerabilidad

El tramo más alarmante del relato apuntó a la edad de las mujeres explotadas y a los criterios de selección de Andreani, quien exigía ciertos estándares estéticos para permitir el ingreso.

“Las chicas que trabajaban eran todas menores. Se aprovechaba de la situación de la gente. En ese momento todas teníamos a partir de 17 años, no recuerdo si había alguna más chica”, declaró Carla, quien sumó que muchas de ellas aceptaban las condiciones y los tratos debido a la extrema necesidad económica de sus hogares.

Las "salidas" se concretaban en el primer piso del bar, en una habitación que describió como un espacio pequeño y lleno de suciedad.

Clientes selectos, registros y clausuras burladas

 Para llevar el control del negocio, Andreani mantenía un registro minucioso: “Ella tenía cuadernos donde anotaba las salidas de cada chica. Esos cuadernos deben estar ahí, en ese nido de ratas”.

Finalmente, Carla expuso la complicidad o ineficacia estatal en torno a los controles del comercio, asegurando que las fajas de clausura nunca fueron un impedimento definitivo para frenar la actividad. “En estos lugares se paga y se vuelve a abrir. Cuando lo clausuraban nos íbamos y nos volvíamos a ver cuando reabrían”, concluyó, argumentando que decidió romper el silencio impulsada por la indignación y el dolor que le causó el asesinato de Agostina.