El calvario vivido y, sobre todo, sufrido por Mirtha Z. se gestó en junio del año 2012, cuando, por esas cosas de la vida, se cruzó con el abogado Francisco Raúl Figueroa, quien había regresado a su Salta natal, procedente de Buenos Aires.
Después de algunos otros encuentros, con amigos en común, Mirta, que era una docente dedicada en una escuela de la zona sur, a la vez que también dirigía un local de comidas con sus hijos, en el macrocentro de la ciudad, se sintió cautivada por el desenvolvimiento del letrado, quien, a su vez, se presentó como un alma en pena, que había vuelto tras un fracaso sentimental con su anterior pareja y quebrado económicamente.
Cautivada por su forma de hablar, máxime cuando lo hacía respecto a cómo enfrentar distintos casos legales, la docente confió en sus dotes y le pidió que la asesore respecto a un terreno que quería comprar para construir la casa de sus sueños.
Fue así que analizaron varias opciones, entre ellas San Lorenzo, pero Mirta la desechó porque creía que era una tierra muy húmeda. Después de ver otros loteos, finalmente encontró su lugar en el mundo: un barrio privado ubicado en Cerrillos, lugar que la atrapó porque el terreno da a una laguna.
Con dinero ahorrado, y la mediación de su nuevo amigo, hasta ese momento, la docente hizo el primer pago del terreno. Fue en septiembre de 2013, con escribano mediante y todos los pasos legales. El resto del dinero, se pagó en cuotas que pagó Figueroa, pero no con su dinero, sino con la plata que Mirta le dio, pues ya le tenía confianza suficiente para encargarle ese recado.
En 2014, gracias a más dinero ahorrado, las ganancias de su local comercial y una serie de préstamos adquiridos con un banco local, la docente contrató un arquitecto, compró los materiales de construcción e inició la edificación de la casa, tal como siempre la imaginó.
La boda
El año siguiente, en tanto, lo coronó con otro paso muy importante en su vida sentimental. Se casó el 7 de noviembre de 2015 con Figueroa, quien, hasta ese momento, se había mostrado como un hombre amable, agradable, aunque no tenía dinero; incluso había vuelto de Buenos Aires con una declaración de quiebra personal.
Al tiempo, y lejos de la vida feliz que imaginó, la docente vio cómo su marido cambió de la noche a la mañana, pues comenzó a tener un destrato, maltrato y hasta violencia de género, tanto de orden verbal como psicológico.
Así fue como el 3 de febrero de 2016, a tres meses de la boda, el abogado echó a la docente de la casa, que ella había adquirido y construido. Luego, la citó a su estudio jurídico para firmar el divorcio, sin embargo, tuvo un cambio de parecer llamativo, pues le pidió perdón por los insultos y maltrato a la que la sometió.
Ante esta actitud, la docente, aún enamorada, volvió a creer y accedió a que la relación se reanude, aunque, en el medio, sucedió un hecho que, primero le pareció lógico, pero después entendió como una treta: resulta que Figueroa le había pedido que firmara dos hojas en blanco para realizar los trámites para dejar sin efecto el proceso de divorcio.
Ella firmó sin sospechar nada raro. A los meses, en tanto, el letrado volvió a ejercer violencia de género, tanto que el 15 de marzo del 2017, la docente fue hasta la comisaría de Cerrillos y radicó la denuncia en contra de Figueroa, pues éste le había dicho que iba a comprar un arma para matarla.
A los meses, el 27 de noviembre, tomó conocimiento de que los papeles que había firmado en blanco para dar de baja al divorcio, en realidad, habían sido usados para realizar una cesión de derechos de la propiedad a hijos de su marido.
Contra viento y marea, Mirta contrató una abogada e inició una demanda para recuperar su terreno.
Logró un fallo favorable Juzgado Civil y Comercial de 7ma Nominación, resolución que luego fue confirmada por la Sala III de la Cámara Civil y Comercial, con lo cual neutralizó la jugada de su marido.
El 23 de agosto de 2021, a casi diez años de comprar el terreno, Mirta logró que la escritura de la propiedad quede su nombre, sin embargo, aún restaba lograr la restitución de su hogar, una batalla que comenzó con una denuncia penal contra Figueroa.
Juicio y condena
El proceso penal fue otro rosario para Mirta, quien padeció en carne propia todo este padecimiento, pues no solo sufrió problemas de estrés y depresión, sino que también llegó a perder mucho peso, al punto, de que tuvo que someterse a complejas intervenciones médicas.
Entre mediados de marzo pasado y abril, este caso se ventiló en la Sala III del Tribunal de Juicio, donde se llevó adelante el juicio contra el abogado, quien, pese a las numerosas y contundentes evidencias, nunca reconoció ni un ápice de la maniobra defraudatoria.
Por el contrario, siempre adujo que el terreno se pagó con su dinero, pero los jueces del tribunal, Gabriela González, Pablo Farah y Maximiliano Troyano, no le creyeron, pues Figueroa había incurrido en reiteradas contradicciones, ya que, por un lado, aseguró que había vuelto de Buenos Aires en quiebra, pero, por otra parte, aducía que solventó de su bolsillo la compra del lote y otros gastos de la construcción de la vivienda.
A partir de la prueba documental que la fiscal penal Ana Inés Salinas, expuso a lo largo del debate, el tribunal coincidió con la fiscalía y encontró culpable al letrado, a quien terminó por condenarlo a la pena de un año de prisión condicional por el delito de estafa por abuso de firma en blanco, a la vez que le prohibió acercarse a la víctima.
El veredicto, sin embargo, no fue del todo feliz para Mirta, pues los jueces no aceptaron expedirse respecto a la restitución de la propiedad a la víctima, ya que entendieron que tal petición debía tramitarse en el fuero civil, camino que ahora transita la docente en busca de volver a la casa de sus sueños.