Las impactantes declaraciones de los padres de los rugbiers sobre el crimen de Fernando Báez Sosa

Javier Thomsen, Mauro Pertossi y María Paula Cinalli dieron su versión sobre lo ocurrido. Relataron cómo se enteraron del asesinato, cómo enfrentan el repudio social y qué sienten hoy.

Por Redacción Gente de Salta

Este jueves se estrenó “50 segundos: el caso Fernando Báez Sosa”, la serie documental que revive el crimen que conmovió a la Argentina. Allí, las voces que durante años eligieron el silencio -los padres de los rugbiers- finalmente deciden hablar. 

Cargan con el peso de un apellido señalado y la pregunta constante de qué falló. Hablan del desconcierto, de las culpas y del intento de entender cómo sus hijos terminaron involucrados en uno de los crímenes más recordados de los últimos tiempos. 

Javier Thomsen, padre de Máximo, recuerda el momento exacto en que supo lo que había pasado: “Estaba en una reunión y me llamó el padre de Matías Benicelli, Eduardo. Me dijo: "los chicos tuvieron una pelea y murió un chico´. Todavía no sabía casi nada hasta que me empezaron a llegar todos los mensajes”. 

Para él, el caso fue “una doble tragedia”: la muerte de Fernando y la trascendencia pública de los jóvenes. “Yo sabía que había chicos bastante peleadores en el grupo. Y hay que ser muy ingenuo para pensar que uno se junta con gente que no tiene nada que ver. Había hablado mucho con Máximo, hacía un año que no se peleaba con nadie. Pero obviamente había cosas que me preocupaban”, contó. 

Javier, por su parte, desmintió los rumores que lo vincularon con el poder: “Decían que yo era un multimillonario que pagaba guardaespaldas y jueces, que ellos iban a salir en un minuto. Mi hijo era el actor perfecto para el relato que se escribió el sábado a la noche: más rubiecito, más parecido al estereotipo de rugbier, y el apellido”. 

“Lo que más me pasó por la cabeza es qué no hice. Qué pude haber hecho más. Qué tenía que haber hablado. Eso como padre”, lamentó. 

Y sumó: “En los medios hablaban como si fuera el líder de una banda criminal todo el tiempo. Máximo siempre fue muy divertido, una luz. Mucho no le gusta estudiar, pero le fue bien en la secundaria. Estudió educación física y viajaba todos los días a entrenar al CASI”. 

Los padres de los rugbiers saliendo de una de las audiencias del juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa.

Mauro Pertossi, el papá de Ciro y Luciano: “Mis hijos no son asesinos” 

Mauro Pertossi, padre de Ciro y Luciano, revivió el día en que su vida se quebró. “Me llama mi hermano Marcos y me pregunta: ‘¿Te enteraste de lo que pasó?’. Me largué a llorar, me angustié muchísimo. Y la llamé a mi esposa para que vayamos a Gesell porque hubo un problema con los chicos. Están presos, se murió un chico y no sé qué pasa”, recordó. 

Como muchos de los padres, Mauro también jugó al rugby. Por eso la contradicción lo atraviesa: “Creía que tanto el estudio como el deporte llevaba a que fueran mejores personas. Que iban a salir más sanos, que eso los iba a llevar a desenvolverse mejor en la vida. Nunca creí que íbamos a vivir lo que estamos viviendo. Es una desgracia. Uno piensa que las cosas están encaminadas y llega esto. No sé qué pensar”. 

Defendió a sus hijos, pero también dejó ver su herida: “Mis hijos no son asesinos. Son chicos, adolescentes, vagos, como decimos en el barrio”. Y agregó, con bronca contenida: “Cuando te gritan ´asesino´, como nos venían diciendo... Creo que mis hijos son inocentes y lo voy a seguir sosteniendo. Ahora, si tenés hijos, no podés gritarle eso a otro padre. Nunca sabés lo que puede pasar”. 

Al igual que el papá de Thomsen, remarcó: “Nosotros no somos gente de poder, no sé de dónde sacaron eso. Somos trabajadores”. 

María Paula Cinalli, la mamá de Blas 

María Paula Cinalli, la madre de Blas, contó que se enteró del crimen por una llamada: “Cerca del mediodía me llamó una de las mamás y me dice: ‘Che, Maripi, algo pasó en Gesell’. Era la primera vez que Blas se iba solo con los amigos”. 

Contó que crió sola a su hijo: “Tengo una hija mayor y después de otra relación lo tuve a Blas. Lo crié yo, trabajando siempre. Blas se crió mucho con Ciro y Luciano. Un día fuimos a buscar a los primos que estaban tomando clases de rugby y ahí Blas entró a la cancha y no se fue más”. 

Durante el juicio, eligió el silencio. “Dejé de mirar TV y dejé de escuchar radio. Me limitaba a hablar con Blas y con el abogado. Nada más”, indicó. Y recordó el primer encuentro en la cárcel: “El primer contacto con la reja fue impresionante. Ruidos de candados... De ahí salió Blas y me hizo pasar un papelito con lápiz que todavía tengo. Decía: ‘Mami, no te hagas problema porque yo a ese chico no lo toqué’”. 

Cuando le preguntaron por qué no habló antes, fue contundente: “No hablé con los medios porque me pareció una falta de respeto hablar, para Fernando que había muerto, para los papás. ¿Qué iba a decir? Nada. Y eso no siempre fue bien visto. El pacto de silencio... ¿Pacto de qué? ¿Con quién iba a hacer un pacto yo? Con nadie. No quería hablar porque había pibes encerrados y un chico muerto”. 

La serie, que salió por Netflix, no solo revive el ataque en Villa Gesell, sino también la historia que siguió: la de los ocho jóvenes que pasaron de ser un grupo de amigos a convertirse en las caras más repudiadas del país. Desde el penal de Melchor Romero, algunos de ellos reflexionaron sobre lo ocurrido, sobre sus familias y sobre la vida que dejaron atrás. 

Qué dijo Máximo Thomsen 

Máximo Thomsen, señalado como uno de los principales responsables del crimen y condenado a prisión perpetua, aseguró que quería que el juicio en Dolores “se haga lo más pronto posible”. 

En paralelo, recordó los primeros días en prisión: “No quería que me venga a ver nadie porque tenía mucha vergüenza. Mi mamá me decía: ‘Yo sé que vos no hiciste nada’, pero le dije: ‘Mamá, estuve ahí. No quiero que te lleves ninguna sorpresa’. Desde el primer momento le conté todo lo que pasó, porque entendía que si había hecho algo lo tenía que decir”. 

Máximo Thomsen condenado a perpetua

Además, repasó cómo empezó aquella noche trágica: “Habíamos llevado mucho alcohol de Zárate para no gastar tanto en el lugar. Nos instalamos en la playa del centro, estaba llena. Nos pusimos a tomar como a las cuatro de la tarde”. 

En su relato, el momento del ataque aparece como una secuencia confusa y, según sus dichos, sin planificación. “Sentí dos golpes y uno de los chicos me ayudó a levantarme. Me dejaron en la rampa de la salida de emergencia. Mi conflicto fue con los de seguridad, en ningún momento miré quién estaba peleándose o algo”, sostuvo. 

También habló de su vínculo con el rugby, su padre y la relación con su madre después del crimen. “Pasé por todos los deportes y no me iba adaptando. Cuando opté por el rugby por la admiración que le tengo a mi papá, que jugó mucho tiempo, me fue gustando. Yo no era muy destacado, pero era rápido y metía muchos puntos”, contó. 

La palabra de Ciro y Luciano Pertossi 

Luciano Pertossi, otro de los condenados a perpetua, consideró que en el juicio se los juzgó “por otro lado”. También habló del impacto en su familia. “Era mucha angustia, uno por un acto que pasó en la vida termina con el papá hablando en un juicio por vos. Me hace mal pensar en mi papá. Nunca en mi vida pensé en poner a mi familia en una situación así”, dijo. 

Rugbiers condenados por el crimen de Fernando Báez Sosa

Y agregó: “Rezo mucho. Después de todo lo que se vive acá adentro, uno madura muy rápido”. 

Su hermano, Ciro Pertossi, también condenado a perpetua, indicó: “Nosotros ya estábamos condenados de antes. Era imposible que de ahí saliéramos con algo a favor”. 

A su vez, hizo referencia a su padre: “Verlo a mi papá estar tan mal fue muy feo, pero también estoy muy agradecido, porque no le importó quién lo estaba viendo. Se plantó ahí a defenderme”. Y dejó una frase que revela cierta toma de conciencia: “Esto me sirve para darme cuenta de la buena vida que tenía y no la valoraba”. 

Enzo Comelli, también condenado a perpetua, fue directo: “Estoy muy arrepentido de todo lo que pasó, 100%. Y me voy a arrepentir siempre. Sin intención de haberlo causado, pero arrepentido, al fin y al cabo”. 

Blas Cinalli y Ayrton Viollaz 

Blas Cinalli, quien tuvo una condena de 15 años de cárcel, habló sobre la violencia y el entorno familiar. “Dicen que es de la casa la violencia, pero ella -su mamá- nunca me inculcó la violencia a mí. En ese momento me daba mucha impotencia”, dijo. 

Ayrton Viollaz condenado a 15 años de prisión

Ayrton Viollaz, que también recibió 15 años de prisión, resumió lo que recuerda del crimen: “Era de madrugada y estábamos borrachos. Ninguno tenía en la cabeza lo que había pasado”. 

Pero también habló del futuro: “Tengo esperanza, sé que en algún momento voy a tener que continuar con mi vida afuera de esto y espero que sea de la mejor manera”.