La vocación de servicio debería ser el motor de quienes eligen la carrera policial. Sin embargo, en la Escuela de Suboficiales de Salta, ese sueño parece convertirse en una pesadilla de "supervivencia". El reciente suicidio de una joven aspirante destapó una olla a presión de denuncias que apuntan a métodos de enseñanza que rozan la tortura, amparados en la arcaica idea de "forjar el carácter".
"No saben en lo que se meten"
Padres de una exalumna, que logró graduarse a pesar del trauma, decidieron romper el silencio aunque resguardando la identidad por seguridad de la familia. Su relato es una crónica del horror: "La hemos visto llorar por horas, llegar lastimada los fines de semana que tenían descanso en casa; sin dormir. Teníamos que dormirla como a un bebé porque se levantaba sobresaltada, gritando". El testimonio describe un régimen de terror donde los jóvenes —muchos de 18 o 20 años— son sometidos a humillaciones constantes.
"Los escupen, les dicen inútiles y cosas peores. Vimos con nuestros propios ojos como los hacen correr bajo el rayo del sol hasta que vomitan o se descompensan, mientras los instructores les gritan que sigan", detallan, al margen de entender que un policía debe estar apto para emergencias a toda hora, el trato durante las capacitaciones es lo que reclaman. A esto se suma una precariedad alarmante en la alimentación: denuncian que a los cadetes se les sirve arroz o fideos con gorgojos y sobras de comida, mientras la plana directiva accede a menús de calidad superior.
La soledad del interior: El factor crítico
El riesgo de tragedia aumenta exponencialmente para los jóvenes que llegan desde el interior de la provincia. Sin el apoyo físico y emocional de su familia durante los fines de semana, estos cadetes quedan a merced de un sistema que los incomunica y los sobrecarga.
"Tienen que estudiar, cocinarse y lavarse la ropa de noche para que al día siguiente esté impecable, todo bajo maltrato físico y psicológico permanente", explica una de las fuentes. El miedo a "fallarle a la familia" o a la frustración de abandonar la carrera los mantiene en un círculo de sometimiento que, en casos extremos, termina en decisiones fatales.
El silencio impuesto por el miedo
¿Por qué no hay denuncias formales? La respuesta es el temor a las represalias. Muchos padres callan a pedido de sus
propios hijos, quienes temen que cualquier queja termine con su carrera o con castigos físicos peores.
Un caso testigo revela la falta de control: una alumna estuvo internada con una infección grave durante dos semanas sin que la escuela notificara a la familia. Solo un error administrativo de una médica externa permitió que los padres se enteraran “sin querer”. "Amenacé con denunciar y recién ahí el director se acercó. Mi hija quiso seguir, pero temía por su integridad si yo decía algo", relatan.
Urgencia de control externo
Los testimonios coinciden en que la Escuela de Suboficiales opera como un territorio sin ley ni control civil efectivo. Incluso en los cursos de reentrenamiento para policías activos, las prácticas de humillación persisten, perpetuando un ciclo de violencia que luego se traslada a las calles.
Piden con urgencia que las autoridades de Seguridad y de Derechos Humanos de la provincia intervengan en los protocolos de formación. Forjar el carácter no puede ser sinónimo de quebrar la psiquis de los futuros servidores públicos.
Canales de Ayuda y Denuncia
- Casos personales o de terceros comunicarse al 911 o 0800-222-5462 (Atención al suicida Nacional)
- Secretaría de Derechos Humanos: Santiago del Estero 2291, Salta Capital. 431-8335.
- Secretaría de Justicia y Derechos Humanos: Av. Belgrano N° 1.349.
- Comité para la Prevención de la Tortura: Av. Bolivia 4.671, 3º Piso, Ciudad Judicial.
Nota: Las denuncias por violencia institucional pueden realizarse de manera anónima si se teme por la integridad del denunciante. No estás solo/a, el maltrato físico y psicológico no forma parte de ninguna currícula legal de formación.