Qué pasó con la recompensa al baqueano que los llevó al prófugo

“Soy Serapio, me mandé una macana…maté a mi mujer”, el verdadero relato de la captura del femicida de Campo Quijano

Francisco Cavana tiene 68 años y es el único héroe del caso, pero hasta ahora no habría visto un peso de la recompensa. En medio de los cerros, encontró al prófugo asesino, lo enfrentó y condujo a la policía hasta donde se escondía.

Por Federico Aspiazu

Daniel Orlando Serapio, el hombre buscado por un femicidio, fue hallado dentro de una cueva en la provincia de Salta. — (GDS)

Con el avance de la causa penal, este medio pudo tener acceso a detalles del caso. Entre ellos, se conocieron aspectos desconocidos respecto a cómo sucedió la captura de Daniel Orlando Serapio, quien estuvo once días prófugo en medio de los cerros de la Quebrada del Toro, a unos 70 kilómetros de esta ciudad.

Tras atacar a su mujer, Natalia Cruz, el 17 de febrero pasado, Serapio protagonizó una fuga pocas veces vistas en la historia criminal local. Buscó provisiones y se marchó en su vehículo, una Ford Eco Sport, color gris, la que cuatro días después fue hallada abandonada en el paraje de El Chorrillo.

A medida que transcurrían los días, el reclamo de familiares y de todo el pueblo de Campo Quijano se hacía sentir cada vez más. Esto motivo que el gobernador Gustavo Sáenz, autorizara -el 27 de febrero- una recompensa por diez millones de pesos para quien aportara datos que permitan detener a Serapio. 

El cartel con la recompensa por información del paradero de Serapio

Al otro día de ese anuncio, una patrulla conformada por el subcomisario Martín Guerra, el suboficial mayor Ariel Guantay, el suboficial principal y el agente Ulises Cardozo, partieron rumbo a la Estadio Diego de Almagro, donde se creía que estaba oculto.

En su informe consignaron que ese mismo 28 de febrero, por la tarde, ingresaron por el paraje Las Cuevas hasta Corral Grande, donde observaron una vivienda al costado de las vías del ferrocarril y a unos 200 metros vieron a un banqueano.

Al acercarse, supieron que se trataba de Nicolás Cavana, de 71 años, quien les contó que residía en el lugar y que se dirigía al paraje La Burra para visitar a su hermano Francisco, trayecto al que se sumaron los policías Guerra y Angulo.

Dos horas después de una caminata sin descanso por cerros y quebradas, llegan a la casa de Francisco en el paraje La Burra. Luego de tomar un poco de agua, el dueño de casa les informó que en ese inhóspito lugar residía solo y que sus vecinos más cercanos eran una familia, en la estación Diego de Almagro.

"Tengo buenas noticias..."

Cuando los policías comenzaron a cotar el cometido de su visita, don Francisco les dio una novedad que los catapultaría en su carrera. “Tengo buenas noticias para darles, ustedes lo están buscando al Serapio porque él está durmiendo en una casa al pie del cerro”, reveló el baqueano.

El dato brindado iluminó las caras de los dos policías, puesto que el lugar donde el prófugo estaría oculto estaba a una distancia de cinco kilómetros. Al ahondar su relato, Francisco contó que ese martes (24 de febrero), cuando regresó de pastorear sus cabras y ovejas, notó que le faltaba “una campera, color gris, una radio chiquita, cuatro bollos, tiras de pan, un puñal y unos cueros de cordero”.

Luego recordó que también le faltaba “un poco de charqui”. Y agregó que ese jueves, 26 de febrero, llegó a visitarlo su hermano Nicolás, a quien le preguntó si había estado por casa, o si sabía de otro pariente que lo haya ido a ver, pero las respuestas fueron negativas.

Funcionarios policiales junto a Sáenz en la captura de Serapio

Atado este cabo, viernes a las 5.30 Francisco salió de casa. “Yo seguí la huella de un calzado de botín”, dijo en su relato de una travesía de una hora hasta llegar a “una casa sin techo que está abandonada, al pie del cerro”. 

“Cuando llegue observe a una persona que se estaba levantando y le dije: quién sos vos, porque me robaste, porque venis a robar mis cosas”. La respuesta que recibió confirmó su sospecha: “que no me conoces...soy Serapio. Estoy acá porque me manda una macana, mate a mi mujer por eso me vine escapando”.

Hecha la aclaración, el prófugo le pidió que no diga nada a nadie y mucho menos a la policía. Pero don Francisco estaba más preocupado por sus “cosas”, así que le exigió que se las devuelva, pero el femicida solo accedió a darle la campera.

En una cueva

Antes de marcharse, don Francisco obtuvo un dato clave. “Me dijo que se estaba yendo para arriba a la cueva, porque yo bajo a dormir aquí por las noches, después de las 20. Y que durante todo el día estaba arriba, en la cueva”, puesto que, desde ahí, le aseguró: “puedo ver todo”.

Con semejante información, Guerra decidió esperar hasta el anochecer y recién salir a la casa de Serapio. Para ello hicieron un relevo y fueron con el hermano de don Francisco. Partieron a eso de las 22, pero al llegar a la casa abandonada no hallaron a nadie, solo unos cueros de ovejas doblados.

Daniel Orlando Serapio, el hombre buscado por un femicidio, fue hallado dentro de una cueva en la provincia de Salta.

Ansiosos por dar con el prófugo, los dos policías subieron a la cima del cerro, ya que sabían que allí se ocultaba Serapio, en una cueva. Cuando llegaron, casi a la medianoche, su búsqueda apunto hacia las enormes rocas, en busca del hoyo de la cueva.

Cerca de la una de la madrugada, escucharon un rugido como si fuera un puma, lo que los puso en alerta. “Saqué mi arma e hice un disparo al aire y alumbré con la linterna hacia una roca de gran dimensión y en el hueco veo movimiento y que alguien habla”.

“Policía salga con las manos donde las pueda ver”, grito el policía, quien junto a su compañero se posicionan de frente a la cueva, cuyo hueco estaba cubierto con ramas y arbustos. Luego de unos tensos minutos, ya a la una de la mañana, ve que desde adentro de la cueva arrojaron una mochila, una frazada y un bidón de 5 litros de agua y una botella, también de agua.

Fue entonces que los policías intentaron acercarse al acceso de la cueva. Ahí, ven que Serapio tenía un cuchillo, tras lo cual se metió más al fondo. Luego escuchan que dice: “ya salgo, pero esperen”, seguido de llantos. Al instante, se muestra, en especial unas cicatrices de cortes efectuados en su antebrazo izquierdo.

"No tengo nada que perder"

Serapio contó entonces que intentó quitarse la vida el mismo día del mortal ataque a su pareja. “Me quise matar, pero no morí, me desangre más de una hora y me desmaye, me desperté al otro día y me fui a donde deje la camioneta, allí dejé una carta”, afirmó.

“Para que quieren que salga si yo sé que voy a ir en cana, prefiero morir acá”, grita mientras se apoyaba el cuchillo en el pecho e intentaba lesionarse. “Yo no tengo nada que perder”, agregó, para luego referirse a lo sucedido con Natalia.

Daniel Orlando Serapio

Por casi dos horas, los policías dialogaron con el acusado a fin de que desista de su intento suicida, pero cada vez que hacían un paso hacia la cueva, éste se llevaba el arma al pecho. En su reporte, el subcomisario informó que el lugar era muy angosto y no había chances de ganar metros sin que él lo notara.

Agotado o convencido por los argumentos de los policías, Serapio anunció que saldría. “Ya salgo, pero retírense más lejos”, pidió. Luego de que los policías retrocedieron 20 metros, el hombre que había tenido movilizada a la policía e incluso al mismo mandatario provincial, salió de la cueva.

“El masculino salió con el arma blanca en su mano, cómodo su mochila, tiro el cuchillo y comenzó a caminar”, explicó. Luego de asegurarse que ya estaba lejos del hueco de la cueva, los policías lo redujeron y emprendieron el camino de retorno durante toda la noche hasta llegar al paraje Corral Grande, desde donde luego fue trasladado a la ciudad.